
A veces, los descubrimientos más sorprendentes nos esperan justo donde menos lo imaginamos, a tan solo unos pasos de nuestro recorrido habitual. Imagine la escena: viaja por Cataluña y, de repente, se alza ante usted un edificio que de inmediato lo transporta mentalmente al corazón de Andalucía. La silueta resulta extrañamente familiar, la arquitectura es inconfundiblemente sureña, y todo este esplendor parece completamente ajeno al paisaje típico del Penedès. El primer instinto es detenerse y frotarse los ojos. ¿Será acaso un espejismo?
No es ninguna ilusión óptica. Esta torre, prácticamente idéntica a la Giralda de Sevilla, es real y se encuentra en la localidad de l’Arboç, en la provincia de Tarragona. Su historia no responde a un proyecto estatal, sino que es fruto de un viaje romántico. A comienzos del siglo XX, el vecino Joan Roqué Mari pasó la luna de miel junto a su esposa en Andalucía. Quedó tan cautivado por la arquitectura morisca que, al regresar, decidió recrear un pedazo de ella en su propia tierra. Así nació la idea, no solo de una torre, sino de todo un complejo palaciego de estilo neoárabe.
La construcción, finalizada en 1908 bajo la supervisión personal de Roquer, impresiona por su meticulosidad. La torre de 52 metros, símbolo de l’Arboç, es solo la punta del iceberg. En el interior del complejo se esconden réplicas fieles de otros tesoros andaluces: aquí es posible pasear por un patio inspirado en el Patio de los Leones de la Alhambra de Granada o admirar un salón que recrea el Salón de los Embajadores del Alcázar de Sevilla. No se trata de una interpretación libre, sino de una reconstrucción detallada basada en fotografías tomadas durante aquel viaje. Los arcos de herradura, los complejos arabescos y los patrones geométricos ofrecen una auténtica inmersión en la época de Al-Ándalus.
No es posible acceder a este palacio privado directamente desde la calle. Las visitas se organizan únicamente con cita previa y se realizan en formato de recorridos guiados de una hora. Esto permite no solo tomar buenas fotografías, sino también comprender a fondo la intención del creador y la historia de este lugar singular. El precio para grupos de más de 20 personas es de 10 euros por persona, mientras que los niños menores de seis años entran gratis. Todas las reservas son gestionadas por la oficina de turismo local, que también ayuda a formar los grupos.
Sin embargo, la propia localidad de l’Arboç también merece una atención especial. No en vano se la conoce como el “pueblo de las casas bonitas”. Pasear por sus callejuelas históricas confirma este apodo. Aquí, en un edificio modernista, se encuentra no solo la oficina de turismo, sino también el Museo del Encaje de Bolillos, un oficio profundamente arraigado en la cultura local y reconocido como único en Cataluña. Visitar este lugar es una magnífica oportunidad para combinar el descubrimiento de una maravilla arquitectónica con el encanto de un tranquilo pueblo catalán.
RUSSPAIN.COM informa que la Giralda de l’Arboç, reconocida oficialmente como Bien Cultural de Interés Local (Bé Cultural d’Interès Local), no es solo una atracción turística. Es un monumento al sueño humano y al amor por el arte. Joan Roquer i Marí no era arquitecto profesional, pero su pasión hizo posible la creación de una obra única que, un siglo después, sigue sorprendiendo y maravillando a los visitantes. Este palacio se ha convertido en parte inseparable de la identidad de l’Arboç, demostrando que las grandes creaciones pueden surgir de historias personales.












