
En el corazón de España, en la provincia de Toledo, entre rutas turísticas conocidas, se esconde una auténtica joya arquitectónica. Se trata del castillo de Casarrubios del Monte, una imponente fortaleza cuya historia y aspecto sorprenden incluso al viajero más experimentado. Este monumento permaneció durante siglos a la sombra de vecinos más famosos, pero hoy es uno de los tesoros ocultos más fascinantes de Castilla-La Mancha. Sus gruesos muros y su peculiar diseño narran historias de antiguas grandezas, guerras internas y una fusión cultural única.
Lo primero que llama la atención es el material con el que fue construido. A diferencia de la mayoría de castillos de la provincia, levantados en piedra, Casarrubios del Monte está hecho íntegramente de ladrillo rojo y mortero de cal. Esto lo convierte en una construcción única y le otorga una apariencia singular, propia del gótico mudéjar. La obra se llevó a cabo entre los siglos XV y XVI bajo la dirección del maestro Ali Caro, lo que explica la armoniosa fusión de formas góticas europeas con técnicas constructivas árabes. El castillo tiene planta cuadrada con torres octogonales en las esquinas, una solución ingenieril avanzada para su tiempo. La entrada está decorada con un arco apuntado, sobre el que aún pueden distinguirse los escudos nobiliarios de la familia Chacón, un influyente linaje castellano que impulsó su construcción.
El castillo no era solo una fortaleza defensiva, sino también un símbolo de poder y estatus de sus propietarios. Se erigió fuera de las murallas de la ciudad, lo que subrayaba la independencia y la autoridad de los señores de Casarrubios. La imponente torre del homenaje, reforzada adicionalmente por tres torres redondas más pequeñas, servía como último bastión defensivo y residencia principal. Las crónicas dejadas por el conde de Cedillo describen en detalle su estructura, incluyendo las estrechas saeteras y las ventanas con característicos arcos de la época. La historia de esta fortaleza está íntimamente ligada al periodo de luchas nobiliarias, cuando ciudadelas como esta desempeñaban un papel clave en la disputa por tierras e influencia.
A pesar de su antigüedad, el castillo sigue desvelando sus secretos. Las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo ya en el siglo XXI permitieron descubrir elementos esenciales de su sistema defensivo. Se hallaron restos del foso original que rodeaba los muros, fragmentos de una batería de artillería y una torre octogonal, en cuyo interior se conserva en excelente estado una escalera de caracol que conecta dos plantas. Estos hallazgos confirman que la fortaleza, además de bella, estaba perfectamente adaptada a las exigencias militares de su época.
En 1985, el castillo fue declarado Bien de Interés Cultural, lo que reconoció oficialmente su valor histórico y arquitectónico. Hoy forma parte del paisaje urbano de Casarrubios del Monte. Lamentablemente, el edificio es de propiedad privada y se encuentra en estado semi-ruinoso, a la espera de restauración. El acceso al interior está cerrado, pero incluso desde el exterior deja una impresión imborrable. La monumentalidad de la puerta principal, los símbolos heráldicos de los Reyes Católicos en los muros y la textura misma de la antigua mampostería trasladan al visitante al pasado. Es un sitio imprescindible para quienes buscan rutas fuera de lo común y valoran la auténtica arquitectura medieval.











