
La aparición de un modelo 3D a gran escala de Barcelona se ha convertido en un acontecimiento capaz de transformar la percepción del entorno urbano tanto para residentes como para visitantes. Este proyecto no solo reafirma el estatus de Barcelona como epicentro de la innovación arquitectónica, sino que también abre nuevas vías para comprender la evolución de la metrópoli. Por primera vez, los ciudadanos pueden contemplar su ciudad con un nivel de detalle que anteriormente solo estaba al alcance de expertos.
La inauguración oficial de la exposición coincidió con el inicio del periodo en el que Barcelona ostenta el título de Capital Mundial de la Arquitectura. El evento, en un principio previsto para el jueves, debió ser pospuesto por fuertes vientos, lo que solo aumentó la expectación en torno a la cita. El centro de atención: una enorme maqueta blanca de la ciudad, instalada en el antiguo edificio de la editorial Gustavo Gili. El modelo abarca 84 metros cuadrados, convirtiéndose en una de las mayores maquetas de este tipo en Europa.
Tecnología y detalles
La maqueta se presenta a una escala de 1:1 500, lo que permite reproducir con gran precisión no solo edificios individuales, sino barrios completos. En el modelo se distinguen fácilmente iconos arquitectónicos como la Sagrada Familia, las Tres Chimeneas de Besòs, entre otros símbolos representativos de la ciudad. El proyecto incluye tanto los distritos de Barcelona como los territorios de catorce municipios vecinos, ampliando así la percepción del área metropolitana.
Se ha puesto especial atención en las posibilidades de interacción. Los visitantes pueden usar gafas especiales para sumergirse en la realidad aumentada, donde la maqueta cobra vida y narra historias sobre el pasado, presente y futuro de la ciudad. Gracias a este enfoque, la exposición deja de ser una instalación estática y se convierte en una plataforma dinámica para explorar la historia urbana y planificar futuros cambios.
Flexibilidad e inclusión
La estructura de la maqueta está formada por 1.204 piezas individuales que se ensamblan como partes de un enorme rompecabezas. Este método permite actualizar fácilmente fragmentos concretos conforme cambian los entornos urbanos. Por ejemplo, si en zonas como Sagrera o La Marina surgen nuevos elementos, basta con sustituir las piezas correspondientes para reflejar siempre el estado actual de la ciudad.
Un aspecto relevante del proyecto ha sido la creación de una versión táctil de la maqueta para personas con discapacidad visual. Gracias a los relieves y distintas texturas, es posible identificar barrios, calles y puntos clave al tacto. Esta iniciativa, desarrollada en colaboración con Fundación ONCE, amplía el acceso a la exposición al mayor público posible.
Límites y alcance
La maqueta abarca el territorio comprendido entre el río Llobregat y su delta al oeste y el puerto de Badalona al este, así como entre el mar y las montañas de Collserola. La exposición incluye no solo los distritos de la propia Barcelona, sino también partes de ciudades como L’Hospitalet, Esplugues, Sant Adrià del Besòs, además de fragmentos de Santa Coloma, Badalona, Montcada, Cerdanyola, Sant Cugat, Molins de Rei, Sant Feliu, Sant Just, Sant Joan Despí, Cornellà y El Prat. Esta escala permite visualizar cómo están conectadas entre sí las distintas zonas de la aglomeración.
El proyecto fue financiado por el consorcio Zona Franca, coordinado por la Escuela de Arquitectura del Vallès y la UPC, y su desarrollo técnico estuvo a cargo de Barcelona Regional y la empresa Windforce. Como resultado, no se obtuvo únicamente una maqueta, sino una herramienta para el análisis, la planificación y el debate sobre el futuro de la ciudad.
En los últimos años, en España y otros países europeos están surgiendo cada vez más maquetas urbanas a gran escala que combinan métodos tradicionales con tecnologías digitales. En Madrid y Valencia, proyectos similares ya forman parte de programas educativos y foros locales. En Barcelona, sin embargo, el enfoque está puesto en la integración de la realidad aumentada y la inclusión, lo que diferencia su experiencia respecto a otras grandes ciudades. Estas iniciativas se están convirtiendo no solo en un símbolo de progreso tecnológico, sino también en una herramienta clave para involucrar a la ciudadanía en los debates sobre el futuro de sus ciudades.












