
Cuando se habla de las grandes catedrales góticas de España, suelen venir a la mente los majestuosos templos de Burgos o León. Sin embargo, la primacía pertenece a otra catedral igualmente impresionante, literalmente fusionada con una de las murallas defensivas más emblemáticas del país. No se trata solo de un edificio religioso; desde su concepción, el proyecto perseguía un doble propósito: ser a la vez casa de Dios y bastión inexpugnable para la ciudadanía, lo que determinó su aspecto severo y casi marcial.
Nos referimos a la Catedral de Ávila, también conocida como Catedral del Salvador. Es considerada con justicia la pionera del estilo gótico en España. La construcción del edificio actual comenzó hacia 1170 bajo la dirección del maestro Fruchel, quien diseñó el presbiterio con una galería doble única (deambulatorio) y nueve capillas. Pero su rasgo más sobresaliente es el ábside, el famoso “Cimorro”, que forma parte inseparable de la muralla de la ciudad. Precisamente esta característica le otorgó a la catedral el estatus de iglesia-fortaleza y el apodo de Fortior Abulensis. El diseño adopta la forma de cruz latina y, aunque las primeras piedras siguen la tradición románica, el conjunto evolucionó gradualmente hacia la refinada gótica francesa, culminando sólo en el siglo XV.
Dentro de la catedral, los visitantes encontrarán numerosos tesoros artísticos. Destaca especialmente el coro, una obra maestra del Renacimiento realizada en madera de nogal. Su construcción comenzó en 1536 a partir de los bocetos de Cornelius de Holanda. Detrás del coro se halla el muro conocido como trascoro, decorado con relieves que representan la Presentación en el Templo, la Adoración de los Reyes Magos y la Matanza de los Inocentes. La capilla mayor está presidida por un magnífico retablo, cuya ejecución inició Pedro Berruguete en 1499 y fue concluida por otros maestros en 1512, tras su muerte. No pasa desapercibida la tumba de alabastro de El Tostado, situada en la girola, considerada la obra cumbre del escultor Vasco de la Zarza.
La visita a la catedral continúa en su claustro, construido entre los siglos XIV y XVI, con elegantes bóvedas y acceso a diversas capillas. En la capilla del cardenal Quiroga y las salas aledañas se encuentra el Museo de la Catedral de Ávila, que alberga valiosas pinturas, esculturas y ornamentos litúrgicos. En este mismo claustro reposan los restos de dos figuras clave en la historia de España: el historiador Claudio Sánchez-Albornoz y el primer presidente del gobierno elegido democráticamente, Adolfo Suárez. Para quienes planean una visita, la catedral abre todos los días: de lunes a sábado de 10:00 a 18:00, y los domingos de 12:30 a 18:00. La última entrada es media hora antes del cierre. La entrada general cuesta 10 euros, con descuentos para jubilados (9 euros), jóvenes y estudiantes (7 euros), y la entrada es gratuita para menores de 12 años.
La ciudad de Ávila, donde se encuentra la catedral, es en sí misma un monumento único. Sus murallas medievales, que se han conservado completamente hasta nuestros días, tienen una longitud de más de 2,5 kilómetros e incluyen 87 torres y 9 puertas. Este impresionante complejo defensivo, junto con el casco antiguo y las iglesias situadas fuera de las murallas, fue incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1985. Ávila es también conocida como la ciudad natal de Santa Teresa, una de las grandes místicas de la Iglesia Católica.












