
En otoño de 1994, concretamente el 24 de septiembre, los alrededores del Palacio de Versalles fueron escenario de un acontecimiento de auténtica magnitud real. Ese día contrajeron matrimonio Sibilla Weiller, bisnieta del monarca español Alfonso XIII, y el príncipe Guillaume de Luxemburgo, hermano del actual Gran Duque Henri. Esta boda no fue solo la unión de dos corazones, sino una verdadera reunión de la aristocracia europea, que congregó bajo las bóvedas de la catedral de San Luis a mil quinientos distinguidos invitados.
Era difícil imaginar semejante concentración de sangre azul en un solo lugar. A la ceremonia asistieron cinco reinas reinantes, incluida la reina Sofía de España, nueve príncipes y princesas herederos, los monarcas de Bélgica y Noruega, los príncipes de Liechtenstein e incluso representantes de la casa real marroquí. La delegación española fue especialmente numerosa: además de la reina Sofía, participaron seis infantas en la celebración. Fue uno de esos raros acontecimientos en los que era posible ver en una sola fotografía el futuro de varias monarquías europeas.
La novia, Sibila, apareció ante los invitados con un deslumbrante vestido de Valentino. El diseñador creó para ella un vestido con un delicado corpiño de encaje y una amplia falda de seda y muselina blanca, adornada con un gran volante. El look se completaba con un velo bordado, colocado por el reconocido estilista Alexandre. Cabe destacar que Sibila llevaba únicamente el anillo de compromiso y la alianza como joyas. En sus manos sostenía un ramo de rosas y hiedra, cuya composición se inspiró en el ramo nupcial de la princesa Diana. Un dato curioso: los recién casados eran parientes lejanos, con antepasados comunes en la figura del rey español Carlos IV.
Las celebraciones comenzaron la víspera con una fiesta de cóctel en el museo Jacquemart-André de París. La ceremonia principal, tras dos horas de boda, continuó en la villa Le Noviciat, residencia de los padres de la novia, situada en el borde de los jardines de Versalles. Por la noche se celebró una cena de gala, donde las mesas estaban decoradas con pintura imitando mármol y la atmósfera la ponía una orquesta gitana; la música acompañó los bailes hasta bien entrada la noche.
Sybilla, nacida en Francia y criada en Ginebra, recibió una educación excepcional. Se graduó de la Escuela del Louvre en París con especialización en Historia del Arte e incluso participó en trabajos de restauración en Versalles. Domina cinco idiomas y actualmente preside el comité del museo Peggy Guggenheim en Venecia. La vida de la pareja no siempre ha sido fácil: en 2000, el príncipe Guillaume sufrió un grave accidente de tráfico, lo que llevó a que su hermano pospusiera su coronación. Por fortuna, el príncipe logró recuperarse por completo.
Hoy los esposos residen en Luxemburgo y educan a sus cuatro hijos, quienes están en la línea de sucesión al trono del Gran Ducado. Siguen siendo figuras relevantes en el escenario real europeo, asistiendo regularmente a bodas y actos oficiales. Sybilla suele aparecer en público con atuendos elegantes, complementados con joyas familiares heredadas de su bisabuela, la reina Victoria Eugenia, incluyendo la famosa tiara de aguamarinas.











