
Frente a la Plaza de España de Madrid se alza una de las pocas edificaciones modernistas de la capital: la Casa Gallardo. Su impoluta fachada blanca, de líneas onduladas y coronada por una cúpula de pizarra, ha sido durante más de un siglo el hito arquitectónico de este barrio. Desde 1997 goza de la categoría oficial de Bien de Interés Cultural. A simple vista, podría confundirse con una mansión francesa o incluso con la fantasía barroca de un escultor. Pero tras esa elegante apariencia se esconde una de las obras maestras del arquitecto Federico Arias Rey. Construida en 1914 sobre la base de un edificio más antiguo de la década de 1850, el edificio fusiona con armonía la libertad formal del art nouveau con el rigor técnico propio de la arquitectura madrileña de principios del siglo XX.
Escultura en vez de muros
Situada en la calle Ferraz, 2, esta residencia destaca por su fachada escultórica de líneas sinuosas y abundantes elementos decorativos que le otorgan un aire casi teatral. Sus balcones de hierro forjado, los molduras en relieve y el juego de la luz sobre los tonos claros de la piedra evocan una época en la que la arquitectura aspiraba a ser un arte total. La gran cúpula que corona la esquina del edificio luce la letra «G», un gesto de homenaje a sus primeras propietarias, las hermanas Esperanza y Asunción Gallardo, quienes desempeñaron un papel clave en la preservación de este tesoro. Apenas un año después de su finalización, el Ayuntamiento de Madrid otorgó al proyecto el premio al “mejor edificio construido” de 1915, reconociendo así su valor excepcional. Hoy sigue siendo uno de los escasos ejemplos de modernismo que se conservan en la capital, junto a joyas como el Palacio Longoria o el cine Doré.
Armonía japonesa en una mansión centenaria
Además de su valor histórico, la Casa Gallardo alberga hoy en día el restaurante LeClab, bajo la dirección culinaria de la chef japonesa Yoko Hasei. El espacio fusiona la elegancia de este edificio centenario con la cocina kaiseki, basada en la armonía de cinco colores, cinco sabores y cinco técnicas de preparación. Entre las especialidades destacan creaciones exclusivas como tataki de atún, gyozas de wagyu y un delicado miso soup de temporada. Todo se sirve en un ambiente que conserva el esplendor de los ‘locos años veinte’. El interior, de más de 400 metros cuadrados, mantiene la esencia señorial de la casa: techos altos, molduras originales y elementos decorativos que cuentan su propia historia. Tapices del siglo XVII, muebles antiguos y un piano evocan la época de los salones literarios. Cada detalle convierte este lugar en un monumento vivo, donde arquitectura, historia y gastronomía se funden ante una de las vistas más hermosas del centro de Madrid.
Un viaje en el tiempo: del art nouveau al burlesque
LeClab también es conocido por organizar fiestas privadas y eventos con un concepto único. Ofrece a sus invitados una velada refinada y elegante, inspirada en el burlesque de principios del siglo XX, que los transporta a otra época. El espectáculo combina el lujo y el glamour decadente al estilo de la Edad de Oro de Hollywood. La dirección artística está a cargo de la reconocida performer internacional LadyVita (Patricia Morote), y la coordinación, de Luisa Orlando. La Casa Gallardo sigue hoy sorprendiendo a los transeúntes, que se detienen, alzan la vista y descubren cómo el modernismo madrileño, aunque no es el estilo más común en la ciudad, dejó aquí una de sus obras más sofisticadas y atemporales. Su presencia majestuosa y serena frente a la Plaza de España recuerda que la belleza arquitectónica puede ser una forma de resistencia al paso del tiempo.












