
A mediados del siglo XX, la monarquía belga enfrentaba una delicada tarea: encontrar esposa para el joven rey Balduino. Dos años después de su ascenso al trono, el monarca seguía soltero, lo que generaba inquietud tanto en el gobierno como entre la sociedad. Su carácter reservado y una apariencia poco llamativa no lo hacían un candidato atractivo a los ojos de las princesas europeas, aunque su estatus de monarca compensaba estas desventajas.
La principal responsable de organizar la vida personal de su nieto fue su abuela, la reina madre Isabel Gabriela de Baviera (Isabel Gabriela de Baviera). En colaboración con el parlamento belga, ella inició el proceso de buscar candidatas adecuadas. Se elaboró una lista confidencial de ocho jóvenes aristócratas de origen impecable. Como pretexto para conocerlas, se planeó organizar una visita al castillo real de Laeken (castillo real de Laeken), lo que recordaba a los famosos «cruceros de novias» organizados por la reina griega Federica para sus hijas.
La elaboración de la lista resultó ser una tarea complicada. Algunas dinastías europeas fueron excluidas debido a la estrecha relación sanguínea con la familia real belga. Finalmente, el documento secreto presentado a la corte incluyó los nombres de ocho posibles prometidas. La primera en la lista era la francesa Isabelle, de 25 años, hija de Henri d’Orléans, conde de París. Su ventaja era haber nacido cerca de Bruselas; sin embargo, la princesa no mostraba interés en el monarca belga.
Entre otras candidatas estaba Margarita de Baden, prima de la futura reina de España Sofía. A pesar de mantener buenas relaciones con Balduino, finalmente se casó con el príncipe yugoslavo Tomislav. En la lista también figuraba Alessandra Torlonia, nieta del rey español Alfonso XIII e hija del príncipe italiano Alessandro Torlonia y de Beatriz de Borbón. Además, se consideraron las candidaturas de la princesa Margarita de Saboya-Aosta y María de Borbón.
Entre las aspirantes también había opciones prácticamente inalcanzables, como la princesa Margarita, hermana de la reina británica Isabel II, y su prima Alejandra de Kent, quien más tarde contrajo matrimonio con el empresario Angus Ogilvy. La última en la lista, aunque una de las favoritas para los observadores, era Astrid de Noruega. Sin embargo, eligió casarse por amor con Johan Martin Ferner, perdiendo así el estatus de primera dama del reino.
Mientras la corte se ocupaba del complicado proceso de selección, el rey Balduino tomó su propia decisión. En 1960, un año antes de la boda de la princesa noruega, contrajo matrimonio con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón. Su elegida no figuraba en ninguna lista oficial de candidatas, lo que sorprendió a muchos y puso fin a la extensa búsqueda de una reina para Bélgica.











