
Buitrago del Lozoya, una localidad en la sierra norte de Madrid, atrae a los viajeros principalmente por sus murallas medievales y su imponente castillo. Sin embargo, tras esa fachada histórica, bajo los soportales del ayuntamiento, se esconde un tesoro conocido por pocos. Aquí, lejos del bullicio de las grandes ciudades, se encuentra uno de los museos más personales y conmovedores dedicados a Pablo Picasso. No es solo una galería, sino un testimonio tangible de la sorprendente amistad que unió al genio del siglo XX con su barbero, Eugenio Arias.
Sus caminos se cruzaron en Toulouse en 1945 gracias a Dolores Ibárruri, la célebre ‘Pasionaria’. Ese encuentro marcó el inicio de una relación que se consolidó en la localidad francesa de Vallauris. Allí, Arias tenía su barbería, que se convirtió en un refugio para Picasso. Mientras cortaba el pelo o afeitaba, los dos españoles, exiliados en tierra ajena, disfrutaban de largas charlas sobre su país, política y la tauromaquia. En este ambiente de confianza y complicidad comenzó a formarse la colección destinada a regresar a España, al pueblo natal de Arias.
Durante más de veinte años, el artista regaló a su amigo dibujos, piezas de cerámica, litografías e incluso objetos personales. Cada pieza llevaba una dedicatoria, una palabra cálida o un recuerdo compartido. No había espacio para lo comercial en esta relación; todo se basaba en un afecto sincero y un profundo respeto. Los obsequios de Picasso no eran simplemente obras de arte, sino capítulos en la crónica de su amistad. Narran la historia de dos compatriotas unidos por la nostalgia de su tierra y por ideales comunes, humanizando la figura del gran maestro y ensalzando a su leal compañero.
En 1982, Eugenio Arias decidió donar todo el patrimonio que había reunido a su ciudad natal. Así, en 1985, el Museo Picasso – Colección Eugenio Arias abrió sus puertas, convirtiéndose en el primer museo inaugurado bajo el auspicio de la Comunidad de Madrid. La exposición sorprende por su variedad y carácter íntimo. Entre las piezas se pueden ver barreños de afeitar decorados con escenas de «Don Quijote» y motivos taurinos, un retrato de la madre de Arias y una caja única de madera adornada con pirograbado. Se dice que, en una ocasión, un jeque árabe ofreció por ella un cheque en blanco, pero fue rechazado.
La colección también refleja las opiniones políticas del artista. Aquí se pueden ver carteles con la famosa paloma de la paz y obras dedicadas a la amnistía de los presos políticos en España. Pero también hay muestras de su inagotable espíritu experimental. Por ejemplo, un objeto singular llamado «cagafierro» (literalmente, «el que caga hierro»), creado por Picasso en los años sesenta, demuestra cómo el genio podía transformar el material más prosaico en una obra de arte. Cada pieza de este pequeño museo es una ventana al mundo interior del artista, a sus pensamientos y sentimientos.
Para el propio Arias, la creación del museo en Buitrago fue un acto de justicia y de preservación de la memoria. Consideraba que era su deber tanto para con su tierra natal como para con su gran amigo. Hoy en día, el museo, situado en la plaza Picasso, sigue siendo un testimonio vivo de esta sincera amistad. Es una visita obligada para quienes exploran la zona norte de la región madrileña. La entrada al museo es gratuita, lo que lo hace aún más atractivo para los turistas que llegan para admirar el patrimonio histórico de Buitrago del Lozoya.












