
Cecilia Giménez, cuyo nombre quedó unido para siempre a la singular historia de la restauración de una pintura en Borja, falleció a los 95 años. Su acción, que en un principio desató burlas, con el tiempo se transformó en símbolo de sinceridad humana e incluso benefició a la comunidad local. Recordando los hechos de 2012, es imposible no notar cómo un gesto inesperado cambió el destino de este pequeño municipio español.
A comienzos del verano de 2012, Cecilia, vecina mayor de Borja y gran amante de la pintura, decidió restaurar por su cuenta el fresco «Ecce Homo» del artista Elías García Martínez en el Santuario de la Misericordia. No tenía formación profesional como restauradora, pero confiaba en que podría devolverle a la obra su aspecto original. Sin embargo, el resultado fue tan sorprendente que, en cuestión de días, la imagen reinventada dio la vuelta al mundo.
Fama viral
Los primeros días tras hacerse público el resultado fueron una verdadera prueba para Cecilia. En internet surgieron miles de bromas y memes, y la intervención fue bautizada como «Ecce Mono» — «He aquí el mono». Muchos vecinos de Borja y de toda España tardaron en asimilar lo ocurrido, mientras Giménez soportaba con dificultad una oleada de críticas. Ella insistió en numerosas ocasiones en que la restauración no estaba terminada y no imaginó que sus acciones tendrían tal repercusión.
Sin embargo, con el tiempo la percepción sobre Cecilia cambió. La gente empezó a verla no solo como la autora de una fallida restauración, sino también como una persona guiada por las mejores intenciones. Su historia despertó empatía e incluso simpatía. La ciudad de Borja, de manera inesperada, se convirtió en el foco de atención de turistas y medios de comunicación de todo el mundo.
El fenómeno turístico
Desde la aparición de la renovada pintura mural en la iglesia de la Misericordia, la afluencia de visitantes deseosos de ver el “obra maestra” con sus propios ojos no ha cesado. En pocos años, el número de visitantes se multiplicó y Borja se transformó en una verdadera sensación turística. Gente de varios países llegaba para fotografiarse ante la célebre obra y comprobar en persona su singularidad.
La venta de entradas para acceder al templo se convirtió en la principal fuente de ingresos para la organización benéfica local —el Fondo Hospital Sancti Spiritus y Santuario de la Misericordia. Todo lo recaudado se destinaba a mejorar las condiciones de vida de las personas mayores y al desarrollo de la infraestructura. De este modo, el error de Cecilia brindó un beneficio real a quienes más necesitaban apoyo.
Los últimos años
En sus últimos años, Cecilia Giménez estuvo al cuidado del personal de la residencia de ancianos vinculada a la iglesia, donde falleció tras una larga enfermedad. A pesar de sus problemas de salud, los vecinos de Borja la recordaron como una persona de gran corazón y extraordinaria fortaleza. Muchos destacaban su bondad, generosidad y disposición para ayudar a los demás.
La muerte de Cecilia fue un hecho destacado en toda España. En Borja la recuerdan como una mujer que, sin proponérselo, cambió la vida de toda una ciudad. Su historia es un recordatorio de que incluso los actos más inesperados pueden traer cambios y que los errores a veces marcan el comienzo de algo nuevo.












