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Historia de amor y divorcio de Isabel Cobo y el Marqués de Benamejí en Sevilla

El tardío matrimonio de una aristócrata sevillana: de una boda fastuosa a una discreta separación

Las hermanas Cobo eran el alma de la sociedad sevillana. Sus vidas siempre generaron gran interés. Isabel decidió casarse bastante tarde. Esta historia está llena de giros inesperados.

En la alta sociedad de Sevilla, los nombres de las hermanas Isabel y Carmen Cobo Romero siempre se mencionaban con un respeto especial. Amigas íntimas de la duquesa de Alba, representaban el arquetipo del aristocratismo y discreción andaluces. Las hermanas asistían regularmente a todos los eventos importantes de la ciudad, pero sabían eludir hábilmente la atención de la prensa rosa, permaneciendo en segundo plano salvo en contadas ocasiones. La vida de Isabel llegó a su fin en 2021 debido a una leucemia fulminante diagnosticada solo unos meses antes de su muerte, a los 68 años. Toda la élite sevillana se reunió para despedirla. En 2024, su hermana Carmen casó a su hijo menor, el empresario Moisés Sánchez-Barbudo, con Carol Handal de Zummar. La ceremonia en la basílica de la Macarena congregó a invitados como Plácido Domingo y Carmen Tello, y la propia Carmen, vestida elegantemente de fucsia, desempeñó el papel de madrina.

El legado de la familia Cobo

La historia de la familia comenzó con su padre, el empresario santanderino Moisés Cobo Abascal, quien en 1940 se trasladó a Sevilla y fundó una de las empresas más emblemáticas de la ciudad: «Café Moka». Su madre era Carmen Romero de Lara, sevillana de carácter fuerte y con ideas adelantadas a su tiempo. Fue una de las primeras mujeres en ingresar a la universidad, donde estudió Farmacia, y durante la Guerra Civil trabajó como enfermera, lo que le valió la Medalla de Oro de la Cruz Roja. El matrimonio compartía una pasión por el arte y la música, la cual lograron transmitir a sus tres hijos: Isabel, Carmen y su hermano Pepe, quien se convirtió en un reconocido galerista. Isabel recordaba que su madre, desde pequeños, los llevaba a los museos para inculcarles el amor por el arte. Era una mujer de mentalidad moderna, que prefería escuchar antes que hablar y que disfrutaba rodearse de gente joven. El principal valor que enseñó a sus hijos fue la importancia de la familia y la necesidad de permanecer siempre unidos.

Reinas de los salones sevillanos

Las hermanas Carmen e Isabel no solo dirigieron la empresa cafetera fundada por su padre, sino que también construyeron un próspero negocio inmobiliario. En Sevilla, eran conocidas por su generosidad como filántropas. Sus casas en el centro de la ciudad, decoradas con piezas de arte barroco sevillano, se convirtieron en punto de encuentro para empresarios, aristócratas y políticos. Fueron anfitrionas insuperables, cuyos eventos eran célebres en toda Andalucía. Mantenían una amistad especial con la duquesa Cayetana de Alba. Las tres compartían su pasión por el flamenco y solían bailar juntas sevillanas durante la Feria de Abril. Las hermanas Cobo eran invitadas habituales a los almuerzos en las residencias de la duquesa, los palacios de Dueñas y Liria.

La boda de la que hablaba toda la ciudad

Sin embargo, hubo un momento en que Isabel acaparó toda la atención. El 25 de mayo de 2006 se casó con Manuel de la Lastra Marcos, XIV Marqués de Benamejí, Grande de España y representante de una de las familias más ilustres de Sevilla. Para el marqués, de 61 años, era su segundo matrimonio, mientras que para Isabel, de 54, era el primero. El evento generó una gran expectación. Entre los invitados se encontraban la duquesa de Alba, Carmen Martínez-Bordiú, el periodista José María García y los diseñadores Victorio & Lucchino, quienes confeccionaron el vestido nupcial. La ceremonia tuvo lugar en la capilla de la plaza de toros de la Maestranza. El novio vestía uniforme de gala de la corporación de caballería. El aperitivo se sirvió en la misma arena, un hecho sin precedentes en la historia. Una de las amigas de Isabel comentó después que fue una boda increíblemente hermosa, en la que el propio Plácido Domingo interpretó un aria de «La Traviata». Hubo también una anécdota: la novia llegó con una hora de retraso porque se quedó dormida tras un masaje relajante. «Estoy muy nerviosa, como si tuviera dieciocho años. Me caso feliz y muy enamorada», confesó antes de comenzar la ceremonia.

El discreto final de un romance mediático

La pareja llevaba una vida social y cultural activa, organizando con frecuencia reuniones en su palacio restaurado en el centro de Sevilla. Sin embargo, su unión no fue eterna. En 2020, en pleno auge de la pandemia, decidieron poner fin a su matrimonio. El divorcio se formalizó el 30 de septiembre. Isabel, fiel a su costumbre de discreción, no hizo ningún comentario a la prensa. Se supo que la separación transcurrió de manera pacífica y de mutuo acuerdo. La pareja no tenía hijos en común ni disputas económicas, por lo que todos los trámites se resolvieron rápidamente. Según una amiga cercana, la razón fue el desgaste de la relación y la decisión conjunta de separarse. No hubo ningún drama y los ex cónyuges mantuvieron una relación cordial.

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