
La colección de joyas de la reina María, abuela de Isabel II, sigue fascinando tanto a historiadores como a coleccionistas. Gracias a estas piezas, la corona británica adquirió un estilo inconfundible y varias de ellas se convirtieron en verdaderos símbolos de una época. Un lugar especial en la colección ocupan los vistosos collares tipo “choker”, que María convirtió en su sello personal. Tras su fallecimiento, la mayoría de estas joyas desapareció del ojo público y sólo unas pocas han vuelto a aparecer en ceremonias oficiales en los últimos 75 años.
Según informa Mujerhoy, en 1893, cuando María se casó con el futuro rey Jorge V, recibió como regalo decenas de joyas únicas: siete tiaras, quince collares, veintiséis pulseras y cuarenta y cuatro broches. Muchas de estas piezas fueron hechas a medida y destacaban por su trabajo artesanal. Sin embargo, los collares “jirafa” adornados con piedras preciosas se convirtieron en su accesorio favorito. Con los años, estos adornos no sólo mantuvieron su vigencia, sino que ganaron el estatus de auténticos tesoros de museo.
Entre las joyas más enigmáticas destaca el collar de malla de Cartier, encargado por la reina Alexandra en 1904 y posteriormente heredado por María. Ella modificó su diseño añadiendo nuevos elementos, lo que hizo la pieza realmente única. No menos interesante es la colección de esmeraldas de Cambridge, que originalmente fue ganada en una lotería del siglo XIX y luego transformada por María en varias joyas independientes. A esta misma colección se sumó el famoso conjunto de zafiros, que fue un regalo para la princesa Marina de Grecia y Dinamarca y más tarde se adaptó para crear nuevas piezas de alta joyería.
El destino de las joyas reales
En 1921, la firma Garrard diseñó para María un choker de esmeraldas en estilo art déco, que pasó a formar parte del conjunto de Cambridge. Tras la muerte de la reina, la joya fue heredada por Isabel II, pero ella nunca la lució en público. En 1981, el choker fue un regalo para la princesa Diana, quien lo utilizó frecuentemente en actos oficiales. En 2021, Kate Middleton lo llevó por primera vez en la ceremonia de entrega de los premios Earthshot, lo que despertó un renovado interés por la historia de las joyas reales.
Entre otras piezas destacadas figuran el choker “Ciudad de Londres”, obsequiado por el Lord Mayor de Londres, así como una pulsera-choker de diamantes de inspiración art déco. Mención especial merece el collar de zafiros de María Fiódorovna, que puede convertirse en dos brazaletes independientes. Esta joya fue utilizada tanto por Isabel II como por la princesa Ana, lo que subraya la continuidad de las tradiciones en la familia real británica.
Tradición y continuidad
Igual de impresionante resulta el collar tipo choker de perlas y diamantes compuesto por 11 hileras y adornado con pequeños motivos florales. Esta joya fue un regalo de bodas y actualmente pertenece a la duquesa de Gloucester. Otra reliquia emblemática es el Collar de Coronación, encargado por la reina Victoria en 1858. Desde entonces, ha sido un accesorio imprescindible para todas las reinas británicas durante las ceremonias de coronación, incluida la última, la de Carlos III en 2023.
Estas joyas no solo reflejan el gusto y el estilo personal de la reina María, sino que también muestran cómo han evolucionado las ideas sobre el lujo y el estatus dentro de la monarquía británica. Muchas han sido heredadas, remodeladas o han desaparecido temporalmente de la vista pública, para reaparecer décadas después y recordar la rica historia de la dinastía.
La reina María, nacida princesa de Teck, pasó a la historia como una de las figuras más influyentes de la monarquía británica del siglo XX. Su pasión por el arte de la joyería y su habilidad para combinar la tradición con las tendencias modernas convirtieron su colección en un referente para las siguientes generaciones. Gracias a su gusto y determinación, muchas piezas preciosas recibieron una nueva vida, y algunas siguen siendo un misterio tanto para los investigadores como para los admiradores de la historia real.










