
En una sierra cercana a la capital de España se encuentra un impresionante complejo arquitectónico que acaba de recibir el reconocimiento oficial de su récord por parte del Libro Guinness. Se trata de la basílica del Valle de los Caídos, ahora conocida como Valle de Cuelgamuros. Con sus 260 metros de longitud, es la más grande del mundo. Esta majestuosa construcción, excavada íntegramente en una montaña de granito, es uno de los monumentos más impactantes y controvertidos de la región madrileña, combinando grandeza y memoria histórica compleja.
Pocos turistas que visitan este lugar imaginan que bajo la roca de Risco de la Nava se esconde una de las mayores obras de ingeniería y arquitectura de la Europa del siglo XX. Su monumentalidad asombra tanto como genera debate sobre su origen. La construcción del santuario concluyó en 1959 tras casi dos décadas de intenso trabajo. Para ponerlo en perspectiva, la nave principal de esta obra es casi tres veces más larga que la de la famosa catedral de Notre Dame de París.
El proyecto fue llevado a cabo bajo la dirección de los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez entre 1940 y 1958. Todo el complejo del santuario está excavado en la roca, y lo corona una cruz gigante de 152,4 metros de altura. Esta cruz, reconocida también como la más alta del mundo, es visible a más de cuarenta kilómetros de distancia y actúa como el principal referente de todo el conjunto. Según la documentación presentada para certificar el récord, las mediciones se hicieron desde la puerta exterior de bronce hasta el coro tallado en madera de nogal, ubicado al fondo de la cripta.
El interior impresiona por sus proporciones. La altura máxima de la bóveda en la nave central alcanza los 41 metros, con una anchura de 18 metros. Los arquitectos emplearon un recurso interesante: la nave principal se sitúa a un nivel inferior al del altar, lo que profundiza visualmente la perspectiva y centra la atención en el presbiterio principal. A los lados se encuentran dos capillas, que forman parte del Vía Crucis. Tras sus muros están los osarios donde reposan los restos de decenas de miles de participantes de la Guerra Civil Española, tanto republicanos como nacionalistas. Los datos oficiales señalan casi 34.000 enterrados, aunque algunos investigadores creen que la cifra podría superar los 50.000.
La construcción del complejo implicó el uso de mano de obra de prisioneros, quienes trabajaban en el sistema de redención de penas, especialmente entre 1942 y 1950. Actualmente, el recinto es gestionado por la organización estatal “Patrimonio Nacional” y se encuentra en proceso de reinterpretación conforme a la Ley de Memoria Democrática. Dicha ley establece un cambio en la función del memorial y define el futuro de la comunidad benedictina que sigue habitando en el lugar.
El complejo está abierto al público de martes a domingo. En temporada de invierno, de octubre a marzo, el horario es de 10:00 a 18:00. La entrada general cuesta 9 euros y la reducida, 4 euros. A pesar de las polémicas que rodean su historia, este monumento sigue siendo uno de los ejemplos más impresionantes de la arquitectura española y continúa atrayendo la atención de quienes desean comprender la magnitud y las sombras de uno de los monumentos más emblemáticos no solo de Madrid, sino del mundo.












