
Hoy en día, el nombre de Joaquín Sabina está estrechamente ligado al de su esposa, la fotógrafa peruana Jimena Coronado, con quien formalizó su relación tras muchos años de convivencia. Sin embargo, en la agitada biografía del maestro hay un capítulo poco conocido. Se trata de su primer matrimonio, casi ficticio, con Lucía Correa, celebrado lejos de su tierra natal, en el brumoso Londres, y motivado más por una necesidad vital que por sentimientos románticos.
Esta historia se remonta a los años 70 del siglo pasado, cuando un joven Sabina se vio obligado a huir de la España franquista. Pasó siete años exiliado en Londres, donde le alcanzó la necesidad de cumplir con el servicio militar obligatorio. Las condiciones en el cuartel eran, por decir lo menos, espartanas, y cualquier oportunidad de disfrutar de un poco de libertad era muy valorada. Fue entonces cuando apareció en su vida Lucía Correa, una joven procedente de una familia de emigrantes españoles.
Su unión, formalizada en 1977, se convirtió para Sabina en un auténtico salvavidas. El matrimonio le otorgaba el denominado «permiso de pernocta», que le permitía pasar la noche fuera del cuartel. Así, podía salir del recinto militar a las tres de la tarde y regresar únicamente a la mañana siguiente. Para alguien creativo y amante de la libertad como Joaquín, este permiso era invaluable. Lucía le brindó un apoyo fundamental en ese momento complicado, convirtiéndose no solo en una esposa formal, sino en una auténtica compañera.
Divorcio en la nueva España
Una relación basada en un fundamento tan pragmático no tenía perspectivas de futuro a largo plazo. En cuanto la situación política en España cambió y el país empezó a respirar aires de libertad, la necesidad de esta unión desapareció. Tras la muerte de Franco y la democratización de la sociedad, en 1981 se legalizó el divorcio en España.
La pareja aprovechó esta oportunidad y disolvió oficialmente su matrimonio en 1985. Sus caminos se separaron con la misma discreción con la que se unieron. Se sabe muy poco sobre el destino posterior de Lucía Correa. Se supone que, tras el divorcio, regresó con sus padres a Barcelona, desapareciendo para siempre de la vida pública y de los medios, dejando solo un capítulo breve pero importante en la biografía del gran artista.
Otras musas del maestro
A pesar de su imagen de eterno rebelde y donjuán, Joaquín Sabina siempre se ha expresado con respeto hacia las mujeres que han tenido un papel importante en su vida. Tras su divorcio de Lucía, mantuvo una larga y significativa relación con Isabel Oliart, quien le dio dos hijas, Carmela y Rocío. Aunque nunca llegaron a casarse, Sabina y Oliart lograron mantener una relación amistosa y cordial en beneficio de sus hijas.
Su actual esposa, Jimena Coronado, se convirtió en su compañera fiel durante muchos años, acompañándolo en momentos difíciles, incluidas las complicaciones de salud. Su historia de amor surgió a partir de un interés profesional: Jimena viajó a Lima para hacer un reportaje sobre el músico y terminó siendo la mujer más importante de su vida. Su matrimonio en 2020 fue la culminación lógica de una larga relación, demostrando que incluso los solteros más convictos pueden encontrar su refugio.
Cabe destacar que Joaquín Ramón Martínez Sabina, nacido en 1949 en Úbeda (Andalucía), es una de las figuras más emblemáticas de la música española contemporánea. Su carrera, que abarca más de cuatro décadas, está marcada por el lanzamiento de decenas de álbumes exitosos. Sabina es conocido por su voz ronca, letras profundamente poéticas y a menudo irónicas, donde se entrelazan el amor, la política, la crítica social y las vivencias personales. Su obra ha ejercido una enorme influencia sobre varias generaciones de músicos, no solo en España, sino en todo el mundo hispanohablante.












