
Cuando se habla de los centros académicos más antiguos de la Península Ibérica, suelen venir a la mente nombres legendarios. Sin embargo, la realidad histórica es que el primer foco de conocimiento superior no surgió donde la mayoría piensa. En pleno corazón de Castilla y León, en la modesta capital provincial poco frecuentada por turistas, a comienzos del siglo XIII se puso la primera piedra de la vida intelectual del país.
Fue precisamente en Palencia donde, en 1212, por iniciativa del rey Alfonso VIII de Castilla, se fundó el llamado Studium Generale. Este ambicioso proyecto, apoyado firmemente por el obispo local Tello Téllez de Meneses, supuso una auténtica revolución para su época. En sus aulas se enseñaban teología, artes liberales y derecho, contando incluso con profesores extranjeros. Entre sus célebres alumnos estuvieron el fundador de la orden dominica, Domingo de Guzmán, y uno de los primeros poetas castellanos, Gonzalo de Berceo. Su historia, breve pero intensa, fue el prólogo de la gloria académica de otros centros que hoy conocemos.
Tras la muerte del monarca fundador en 1214, la institución educativa atravesó serias dificultades. Pese al patrocinio del rey Fernando III y el respaldo de la Santa Sede, especialmente de Honorio III y Urbano IV, quien en 1263 le concedió privilegios equiparables a los de París, el centro fue languideciendo poco a poco. El creciente poder e influencia de las universidades de Salamanca y Valladolid acabaron por determinar su destino. Aun así, la experiencia palentina sentó las bases del modelo educativo que se desarrolló en el reino durante siglos.
La Palencia actual cuida con esmero la memoria de su gran pasado. La ciudad cuenta con un conjunto escultórico dedicado al primer Studium Generale. Pero esto no es lo único que sorprende aquí. Su catedral gótica, apodada la «Bella Desconocida», es una de las más grandes del país e impresiona por su monumental silencio. Sobre la ciudad se alza la imponente estatua del Cristo del Otero, una obra del escultor Victorio Macho.
La provincia es un auténtico paraíso para los amantes de la arquitectura medieval, con más de doscientas iglesias románicas. Pasear a pie o en bicicleta junto al histórico Canal de Castilla permite descubrir paisajes pintorescos. La propia ciudad, de relieve llano y centro acogedor, invita al descanso tranquilo. La peatonal Calle Mayor, sus numerosos museos y zonas verdes como el parque Monte el Viejo crean un ambiente de confort y serenidad. La gastronomía también es protagonista: aquí se puede degustar el famoso lechazo churro y el tradicional guiso de verduras ‘menestra’. Palencia ofrece la combinación perfecta para una escapada cultural: descubrir secretos históricos, conocer un patrimonio único y disfrutar del ritmo pausado de una de las ciudades más accesibles de España.












