
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, compareció ante el Senado para declarar sobre el mediático «caso Koldo», y su intervención llamó la atención no solo por su contenido político. Por primera vez en su carrera pública, el jefe del Ejecutivo apareció en público con gafas, lo que provocó de inmediato una oleada de comentarios. Este elemento aparentemente menor de su imagen resultó ser un accesorio cuidadosamente elegido, con un profundo significado.
El jefe del gabinete no optó por un modelo moderno, sino por una pieza vintage de Christian Dior, fabricada en Alemania en los años 80 del siglo pasado. La montura, con patillas de acetato rojo y detalles metálicos dorados, valorada en casi 300 euros, es un ejemplo destacado del estilo retro, actualmente en pleno auge. El look se completaba con una corbata de la firma madrileña García Madrid. Un atuendo tan pensado en un día clave en el Parlamento difícilmente puede considerarse una casualidad.
Expertos en comunicación no verbal se apresuraron a analizar el nuevo detalle de su imagen. Según explican, llevar gafas en un contexto de tensión puede convertirse en un gesto inconsciente de autocalma. Cuando una persona está bajo estrés o nerviosa, tiende de forma instintiva a buscar apoyo tocando objetos personales, en este caso, la montura. Así, Sánchez podría estar intentando controlar sus nervios de manera inconsciente o incluso deliberada ante preguntas comprometidas.
Además, existe un aspecto psicológico en la percepción. Los estudios demuestran que quienes llevan gafas suelen ser vistos por los demás como personas más inteligentes, serias y dignas de confianza. Al mismo tiempo, este accesorio puede aportar un matiz de vulnerabilidad a la imagen. En el contexto de un escándalo político, este recurso puede formar parte de una estrategia para moldear la opinión pública adecuada, mostrando al líder como alguien más humano y accesible.
La interpretación más interesante se encuentra en el contexto histórico. El estilo de montura que eligió Sánchez recuerda sorprendentemente a las que llevaban figuras clave de la política española durante la transición a la democracia. Las fotos de archivo tomadas durante la firma de los Pactos de la Moncloa en 1978 retratan a Felipe González y Adolfo Suárez con gafas muy similares. Quizá se trate de una sutil referencia simbólica a una época en la que los adversarios políticos sabían llegar a acuerdos por el bien del país. En el clima político polarizado de hoy, este gesto puede interpretarse como un llamamiento al diálogo y la flexibilidad.












