
Asturias es, sin exagerar, una de las regiones más mágicas de España. Su naturaleza exuberante, con bosques frondosos, arroyos cristalinos y abundante fauna, nos recuerda constantemente la importancia de preservar nuestro ecosistema. No es de extrañar que en otoño muchos españoles y turistas acudan a sus acogedores pueblos para disfrutar de esta belleza y desconectar del frenético ritmo de las grandes ciudades. Entre los numerosos rincones pintorescos destaca especialmente Soto de Agues: el destino ideal para quienes buscan aislamiento total y una auténtica desconexión. Este pequeño pueblo, que forma parte del municipio de Sobrescobio, se asienta en un paisaje montañoso al sureste de la región y posee una historia que se remonta a la antigüedad.
Un viaje al pasado
Los primeros asentamientos en estas tierras surgieron ya en el Neolítico. Así lo demuestran los vestigios de antiguos túmulos funerarios en los alrededores del pueblo, silenciosos testigos de tiempos prehistóricos. Más tarde dejaron huella los romanos, cuya influencia aún se aprecia en la distribución urbana y el ambiente de cada uno de los tres barrios que conforman la localidad.
Estos barrios —San Andrés, Agues y Soto— están atravesados por calles empedradas que serpentean junto al cauce del río Nalón. Pasear por ellas es un auténtico viaje en el tiempo. El paisaje histórico se completa con las ruinas de antiguas fortificaciones como el castillo de Aceales, también conocido como Torreón de Villamorey, que añade aún más misterio y encanto a la zona.
Patrimonio arquitectónico
En las calles de Soto de Agues se pueden ver fragmentos vivos de una rica historia, cultura y tradiciones. Los hórreos locales—graneros asturianos tradicionales elevados sobre pilares—son un ejemplo destacado de la preservación de las costumbres. Se integran armoniosamente con la característica arquitectura en piedra de la zona, creando un conjunto único.
Algunas construcciones datan del siglo XVI. Por ejemplo, la Casa de los Canella aún conserva su aspecto histórico original, permitiendo un viaje al pasado. El antiguo lavadero público sigue siendo uno de los lugares más emblemáticos y un punto de encuentro en Soto de Agues. También destacan la capilla de San Antonio de Padua y la iglesia de San Andrés, así como el edificio de la antigua escuela, restaurado tras el incendio durante la Guerra Civil.
Naturaleza y actividades al aire libre
Para los amantes del senderismo, los alrededores del pueblo ofrecen oportunidades increíbles. Hay varias rutas de diferente dificultad que permiten disfrutar plenamente de una naturaleza única. Por ejemplo, el sendero «Senda Valle de Samuño» es ideal para excursiones en familia gracias a su sencillez y paisajes pintorescos.
Quienes buscan retos más exigentes pueden optar por la ruta que atraviesa el desfiladero de Los Arrudos hasta el lago Ubales. Es una auténtica aventura entre paisajes impresionantes que deja recuerdos inolvidables. Soto de Agues no es solo un pueblo, sino la puerta de entrada a un paraíso natural de Asturias, donde cada uno encuentra algo especial.












