
Recuerdo cómo, una vez en Londres, no pude resistirme y fui a ver aquella famosa puerta azul en Westbourne Park Road, donde vivía el personaje de Hugh Grant en «Notting Hill». Multitudes de turistas, flashes de cámaras, incluso los vecinos ya no se sorprenden: este lugar se ha convertido en toda una leyenda. Y ahora Madrid ha decidido jugar con las mismas reglas: transformar la ciudad en algo más que una capital, en un imán para cinéfilos de todo el mundo.
En 2026, comenzará en Madrid el rodaje de una nueva película de Woody Allen. El ayuntamiento y el gobierno regional no escatimaron recursos: tres millones de euros para promocionar la capital en la gran pantalla. Las condiciones son sencillas: el título debe incluir obligatoriamente la palabra «Madrid» y, en las escenas, los espectadores deben poder reconocer no solo el centro, sino también otros rincones de la región. Personalmente, creo que este es un paso que hacía tiempo debía darse. Si Barcelona ya se asocia desde hace años con Gaudí y Londres con los buses rojos y aquella famosa casa de la película, claramente a Madrid le faltaba su propio símbolo cinematográfico.
Cine y turismo
Recordando cómo, tras el estreno de «Vicky Cristina Barcelona», los turistas literalmente invadieron la capital catalana, entiendo por qué las autoridades de Madrid apuestan por el cine. Woody Allen ya convirtió una vez una ciudad española en objeto de culto, y ahora es el turno de Madrid. Según la Organización Mundial del Turismo, cada año unos 100 millones de personas viajan por el mundo inspirados por películas y series. No son solo números: es un flujo real de gente que no solo quiere ver, sino vivir escenas de sus películas favoritas.
En Madrid, como señalan los expertos, aún no existe un símbolo tan reconocible como la Sagrada Familia en Barcelona. Pero la ciudad tiene otra cosa: su ambiente, estilo de vida, gastronomía, terrazas, plazas bulliciosas. Y es eso, en mi opinión, lo que debe convertirse en el verdadero protagonista de la próxima producción. Al fin y al cabo, los turistas cada vez buscan menos solo paisajes bonitos y más la oportunidad de sentirse parte de la ciudad, de vivir su ritmo.
Nuevas rutas
En el último año, en la región de Madrid se rodaron más de 50 series y 40 largometrajes. Yo mismo he notado cómo, tras el estreno de alguna producción en pueblos pequeños como Chinchón, el flujo de visitantes crece bruscamente. Después del rodaje de «Asteroid City», el interés por este lugar aumentó un 600%. No es broma: sus cafeterías y hoteles quedaron reservados con meses de antelación. Y esto no es más que el principio.
Las autoridades apuestan no solo por el centro de la capital, sino también por los suburbios: Alcalá de Henares, Leganés, Las Rozas, Alcorcón; todas estas ciudades ya se han convertido en escenarios de rodaje. Para ellas, es una oportunidad para salir de la sombra de Madrid y obtener su parte del turismo. Estoy convencido de que, tras el estreno de la película de Woody Allen, estos lugares serán nuevos puntos de interés para los viajeros.
Quiénes llegan
El perfil del actual ‘turista cinematográfico’ difiere mucho del viajero tradicional. Son personas de hasta 60 años, apasionadas por la cultura, a menudo con buena formación y un nivel de ingresos superior a la media. No buscan acumular cantidad, sino que valoran la atmósfera, la calidad de las experiencias y la oportunidad de conectar con la auténtica vida de la ciudad. He conocido a muchos de estos viajeros: pueden pasar horas buscando ese patio o cafetería donde se filmó su escena favorita y luego compartirlo con amigos y en redes sociales.
Para Madrid, es una oportunidad no solo de aumentar la afluencia de visitantes, sino de atraer a un público nuevo que aprecia lo único y está dispuesto a gastar más. Sin embargo, existe una contrapartida: si no se cuida la limpieza, la seguridad y el transporte, puede surgir el llamado ‘efecto París’, cuando las expectativas generadas por el cine se enfrentan a una realidad mucho menos ideal. Considero que aquí radica el principal reto para la ciudad.
Retos y expectativas
Convertir Madrid en un nuevo centro cinematográfico no es tarea fácil. No basta con rodar películas atractivas; también es fundamental mantener el interés por las localizaciones después del estreno. En la era de las redes sociales, esto resulta más sencillo que nunca: un solo plano exitoso puede motivar a miles de personas a querer replicarlo. Sin embargo, la responsabilidad es mayor: los turistas esperan reencontrarse, en la vida real, con la misma atmósfera que vieron en pantalla.
Estoy convencido de que apostar por el cine no es solo una moda pasajera, sino una decisión estratégica para Madrid. La ciudad puede ser mucho más que un espacio de rodaje; puede convertirse en un lugar donde cada visitante se sienta protagonista de su propia historia. Lo esencial es no dejar pasar esta oportunidad y evitar que el sueño se transforme en desilusión.












