
En octubre de 2025, en Arganda del Rey, cerca de Madrid, agentes de la Guardia Civil se encontraron con una escena impactante. Durante una inspección rutinaria, descubrieron una pequeña construcción donde decenas de perros estaban encerrados en un espacio reducido, lleno de suciedad y desechos. Los animales carecían de condiciones básicas para sobrevivir: no tenían agua, comida ni aire fresco.
Dentro del recinto reinaba el caos. Los perros se veían obligados a amontonarse unos sobre otros, rodeados de total insalubridad. La mayoría no contaba ni con microchips ni con documentación que acreditara su origen o estado de salud. Solo uno de los animales encontrados tenía un microchip. Las autoridades solicitaron de inmediato la intervención de especialistas en protección animal y de un veterinario para evaluar la situación de los canes.
El veterinario, tras examinar a los perros, señaló que a simple vista no presentaban signos evidentes de violencia física ni lesiones graves. Sin embargo, las condiciones de hacinamiento generaban una gran preocupación por su salud futura. Debido al elevado número de animales y al comportamiento impredecible de algunos de ellos, en el operativo de rescate participaron más especialistas de los servicios locales y de la administración de Madrid.
Tras la evacuación de los 52 perros, fueron alojados temporalmente en diferentes refugios, donde ahora son atendidos por voluntarios. Las autoridades esperan que pronto la mayoría de ellos encuentre un nuevo hogar. Sin embargo, la historia no terminó ahí: en el mismo edificio se hallaron los cuerpos de seis perros fallecidos. Uno de ellos fue enviado al laboratorio para determinar la causa de la muerte. Actualmente se lleva a cabo una investigación para establecer quién es responsable de lo ocurrido y cuánto tiempo duró este trato hacia los animales.












