
En la pequeña localidad de Alberche del Caudillo, situada en la provincia de Toledo, el debate sobre el cambio de nombre lleva ya dos años estancado. A pesar de las exigencias de la Ley de Memoria Democrática, en vigor desde 2022, los funcionarios locales no se apresuran a eliminar un topónimo histórico vinculado a la época de Franco. El motivo: están a la espera de la publicación del listado oficial de símbolos franquistas, que deberá determinar cuáles nombres requieren obligatoriamente ser modificados.
Alberche es una de las catorce localidades a las que, en 1958 y por mandato del Instituto Nacional de Colonización, se añadió un elemento al nombre en honor a la dictadura. Hoy, solo seis de estos pueblos en todo el país mantienen este tipo de denominaciones, pese a los cambios legislativos y a la evolución de la opinión pública.
Ley y burocracia: ¿por qué se ha retrasado el proceso?
En febrero de 2023, en Alberche del Caudillo se dio el primer paso para el cambio de nombre: la alcaldesa firmó la orden correspondiente. Sin embargo, el proceso pronto se detuvo. El ayuntamiento argumenta que, según un informe jurídico, modificar el nombre antes de contar con el catálogo oficial de símbolos franquistas sería prematuro. Las autoridades locales aseguran que están dispuestas a acatar la ley tan pronto como se publique el documento oficial.
Por ahora, mientras se espera la publicación del catálogo que, según los planes del gobierno, debería estar listo antes de que termine el año, la situación permanece sin cambios. Las autoridades aseguran que, tras la aparición de la lista, retomarán de inmediato el proceso de cambio de nombres. Sin embargo, los críticos consideran que esta postura no es más que una forma de retrasar la aplicación de la ley.
Otras ciudades con topónimos franquistas
Alberche del Caudillo no es el único municipio donde persiste este problema. En la lista también figuran Llanos del Caudillo en Ciudad Real, Villafranco del Guadiana en Badajoz, Alcocero de Mola en Burgos, Quintanilla de Onésimo en Valladolid y San Leonardo de Yagüe en Soria. Recientemente se sumó la aldea de Villafranco del Guadalhorce, donde los vecinos votaron a favor de eliminar la parte franquista del nombre.
En algunos casos, los intentos de modificar los topónimos encuentran resistencia por parte de los habitantes o dificultades legales. Por ejemplo, en Llanos del Caudillo, en 2004 se realizó una consulta y la mayoría votó por mantener el nombre original. Más tarde, en 2018, un tribunal confirmó el derecho del municipio a no cambiar el topónimo, ya que en ese momento la ley no establecía una prohibición directa para esas denominaciones.
Debate sobre la aplicación de la ley
La cuestión de quién y cómo debe supervisar el cumplimiento de la ley de memoria sigue sin resolverse. Los juristas especializados en este tema señalan que la ausencia de un catálogo no impide que los ayuntamientos actúen por su cuenta si el nombre está claramente vinculado con la dictadura. Sin embargo, en la práctica, muchas administraciones prefieren esperar aclaraciones oficiales para evitar posibles disputas y sanciones.
Los críticos advierten que la falta de sanciones por demoras en el proceso permite de facto que los ayuntamientos ignoren las exigencias de la ley sin consecuencias. Algunos juristas incluso han recurrido al Defensor del Pueblo solicitando su intervención, pero la situación permanece sin cambios. Mientras tanto, el Gobierno sigue trabajando en la elaboración del catálogo, que debe servir de base para futuras decisiones.
Qué cambiará con la llegada del catálogo
Recientemente, el Consejo de Ministros aprobó un decreto para crear una lista de símbolos y elementos asociados al régimen franquista en los espacios públicos. Su elaboración está a cargo de una comisión técnica especial, que actualizará el listado de forma regular en función de las propuestas recibidas. Se espera que, una vez publicado el catálogo, los ayuntamientos ya no tengan excusas formales para retrasar los cambios de denominación.
Sin embargo, los expertos consideran que, incluso tras la publicación del documento oficial, no todas las dudas quedarán resueltas automáticamente. En ciertos casos será necesario brindar aclaraciones adicionales y trabajar con la opinión pública para evitar conflictos y garantizar el cumplimiento de la ley a nivel local.












