
El escándalo en torno a una granja porcina en el municipio de Castellote, en la provincia de Teruel, ha generado una gran repercusión en España. Los hechos revelados sobre el maltrato animal y las condiciones insalubres podrían tener consecuencias no solo para los habitantes locales, sino también para todo el sector cárnico del país. La seguridad de los productos y la confianza en las exportaciones españolas vuelven a estar en el centro del debate.
La asociación ARDE (Animal Respect and Defence for the Environment) ha presentado una denuncia ante la fiscalía por posibles delitos contra los animales, riesgos para la salud pública y publicidad engañosa. Durante la investigación, que se llevó a cabo entre octubre de 2025 y febrero de 2026, se documentaron casos en los que cerdos vivos estaban junto a cadáveres en descomposición. Algunos animales sufrían enfermedades graves, presentaban heridas provocadas por el canibalismo, y también signos de desnutrición e inflamación. En las instalaciones se detectó una acumulación de moscas, larvas y ratas.
Problemas en la producción
La granja, propiedad de Ganados La Yruela S.C., consta de dos naves con capacidad para unas 1.500 cabezas. Según ARDE, la empresa mantenía relaciones comerciales constantes y exclusivas con Frigoríficos Costa Brava S.L., cuyos productos se distribuyen en supermercados de toda España y se exportan a decenas de países. Representantes de Costa Brava Mediterranean Foods S.L.U. señalaron que no poseían dicha granja y que las últimas entregas las recibieron a finales de 2025.
Los vídeos recopilados por activistas de defensa animal muestran a cerdos obligados a vivir entre cadáveres, rodeados de insectos y larvas. Varios animales presentaban graves cojeras, hernias, abscesos purulentos y signos de desnutrición. Algunos ni siquiera podían moverse y se encontraban en estado agonizante. Un informe veterinario encargado por ARDE confirmó numerosas y graves infracciones de las normas de mantenimiento y sanidad, creando riesgo de propagación de infecciones peligrosas, incluidos virus y bacterias transmisibles a los humanos.
Reacción e inspecciones
Durante la investigación se documentaron casos de maltrato deliberado: un empleado de la granja pateó repetidamente a los cerdos para obligarlos a moverse, causándoles miedo y dolor. Este trato contradice las normas europeas y españolas, que exigen revisiones diarias y asistencia inmediata a los animales enfermos o heridos, así como un entorno que evite sufrimientos innecesarios.
Anteriormente, la granja contaba con el certificado Welfair, que avala el cumplimiento de los estándares de bienestar animal, pero lo perdió en noviembre de 2025. El nuevo propietario intentó obtener una certificación independiente en marzo, pero la auditoría del 19 de marzo detectó incumplimientos. Los representantes de Welfair aseguraron que la carne de los animales gravemente dañados no llega a los consumidores y que la seguridad de los productos está garantizada.
Diferencias en la valoración
En marzo de 2026, especialistas del servicio veterinario de la Oficina de la comarca agrícola de Alcorisa realizaron una inspección y no detectaron infracciones ni en el manejo de los animales ni en las normas sanitarias. Según su informe, en el momento de la revisión tanto el estado sanitario como la gestión de cadáveres cumplían con la normativa. Sin embargo, ARDE exige el cierre inmediato de la granja, subrayando que este tipo de casos no son aislados y reflejan problemas sistémicos del sector, donde los animales son tratados como unidades de producción.
En los últimos años España ha registrado repetidos escándalos por irregularidades en explotaciones ganaderas. En 2024 se detectaron casos similares en Cataluña y Castilla-La Mancha, donde la insalubridad y el maltrato generaron polémica pública y provocaron cierres temporales de granjas. Estos incidentes impulsan un mayor control y la revisión de los estándares, además de abrir el debate sobre la transparencia y la responsabilidad de los productores.












