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Bomberos voluntarios en León: lucha contra el fuego y los desafíos del sistema

¿Por qué los bomberos españoles lo arriesgan todo para salvar los bosques?

En la provincia de León, los bomberos voluntarios salen a combatir los incendios forestales incluso en su tiempo libre. A pesar del cansancio y los riesgos, siguen protegiendo la naturaleza y apoyando a sus compañeros, enfrentándose a deficiencias organizativas y duras condiciones laborales.

En los alrededores de la aldea de Filiel, en la provincia de León, los antiguos campos verdes han quedado cubiertos por densos humos y reflejos de llamas. Los incendios forestales que afectan a la comarca de la Maragatería han supuesto una dura prueba para los servicios locales. En la primera línea contra el fuego se encuentran no solo los equipos oficiales, sino también voluntarios que, en su tiempo libre fuera del trabajo principal, se suman a las labores de extinción.

La débil organización de los servicios de extinción de incendios en la comunidad autónoma de Castilla y León ha obligado a muchos bomberos a actuar por cuenta propia. Algunos de ellos, aunque pertenecen a empresas contratistas privadas, se suman a los turnos oficiales o ayudan a los vecinos para salvar el mayor territorio posible. Estos grupos informales, a los que los propios integrantes llaman «brigadas pirata», ya han intervenido no solo en León, sino también en la vecina provincia de Zamora.

Los vehículos de los voluntarios son fácilmente reconocibles: están cubiertos de ceniza, en su interior hay ropa de trabajo, herramientas, cascos, sierras, botellas de agua y todo lo necesario para combatir el fuego. En Filiel, uno de estos equipos realiza tareas de reconocimiento antes de enfrentarse a un nuevo frente de llamas que avanza rápidamente hacia la carretera, arrasando matorrales y hierba seca.

Los bomberos comienzan con ataques directos: utilizan palas y batidores especiales para sofocar las llamas y privarlas de oxígeno. El apoyo aéreo es clave: las descargas de agua desde aviones ralentizan la propagación del fuego y ofrecen una oportunidad para localizarlo. Cada uno de estos ‘baños’ se percibe como una ayuda esperada, especialmente cuando, después de ellos, la ola de fuego pierde fuerza y solo quedan algunas chispas.

Las caras de los bomberos reflejan cansancio y tensión: sus ojos se enrojecen por el humo, la tos y las huellas del esfuerzo en la piel evidencian el duro trabajo. A pesar del agotamiento, siguen actuando, porque está en juego la seguridad de las personas y la conservación de la naturaleza.

Las siguientes acciones se enfocan en contener los flancos laterales del incendio. Aquí se emplean herramientas sencillas pero eficaces: azadones y palas. Los bomberos limpian la vegetación seca para evitar que el fuego avance. Los golpes metálicos de las herramientas resuenan junto al fuerte jadeo: apenas queda aire limpio en estos lugares.

Cuando logran detener el fuego rastrero, el equipo pasa a trabajar en un nivel intermedio: con machetes y hachas cortan arbustos y árboles para impedir que las llamas salten a nuevas zonas. Tras la localización del incendio, los vecinos se suman a la fase final usando ramas para apagar los últimos focos. Más tarde llegan tractores y bulldozers al lugar para evitar que el fuego vuelva a prenderse.

El trabajo de los voluntarios no se limita únicamente a extinguir incendios. Tras largas horas en la línea de fuego, se dirigen a León para participar en protestas por la mejora de sus condiciones laborales. A pesar del cansancio y de no tener tiempo ni siquiera para un descanso básico, estas personas siguen luchando no solo contra el fuego, sino también por sus derechos.

Los bomberos señalan que reciben alrededor de 1.300 euros al mes, pero durante la crisis se ven obligados a hacer horas extra. Muchos temen hablar abiertamente sobre los problemas por el riesgo de sanciones por parte de los empleadores; sin embargo, no pueden mantenerse al margen cuando se trata de la seguridad de sus compañeros y de los habitantes de la región.

La historia de los bomberos voluntarios en León es un ejemplo de entrega y solidaridad. A pesar de las carencias del sistema y de las duras condiciones, continúan protegiendo los bosques españoles, arriesgando su salud y sacrificando su tiempo personal por el bien común.

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