
En marzo, las familias españolas enfrentaron un desafío financiero inesperado: el euríbor, indicador clave para calcular las cuotas de hipotecas a tipo variable, registró su mayor subida mensual en los últimos tres años. El motivo fue el conflicto persistente en Irán, que desde hace más de un mes afecta a los mercados globales y a la economía española. Para muchos hogares, esto supone un aumento en sus pagos mensuales de préstamos, especialmente notable en un contexto de encarecimiento de combustibles y otros bienes esenciales.
El valor medio del euríbor en marzo alcanzó el 2,532% a tan solo dos días de finalizar el mes. Esto provocó un incremento de las cuotas tanto en las revisiones anuales como semestrales. Por ejemplo, para un préstamo de 150 000 euros a 25 años con un diferencial de un punto, la cuota mensual subió hasta 753,51 euros. A lo largo de un año, esto implica 129 euros adicionales, y con revisión semestral —casi 172 euros más en seis meses. Para hipotecas de 300 000 euros, el incremento es aún más palpable: la cuota mensual se sitúa ahora en 1 507 euros, lo que supone 21,5 euros más al mes con revisión anual y 57,4 euros adicionales en el caso de la semestral.
Presión sobre el presupuesto familiar
El aumento del euríbor coincidió con el encarecimiento de los combustibles, lo que incrementó la presión sobre los presupuestos familiares. Este año, el precio del diésel alcanzó niveles récord durante la Semana Santa, mientras que el coste del petróleo y el gas continúa al alza desde el inicio del conflicto en Oriente Próximo. Esto genera preocupación ante la posibilidad de que el encarecimiento del transporte y la energía provoque nuevas subidas en los precios de los alimentos y la inflación. Los bancos, que no preveían este escenario, ahora se ven obligados a revisar sus estrategias, ya que una posible subida de los tipos de interés podría frenar el crecimiento económico más de lo esperado.
A principios de marzo, el euríbor se situaba en el 2,229% a tasa diaria y a finales de mes subió hasta el 2,86%. Durante este período, se registraron algunos de los incrementos diarios más bruscos desde 2008, cuando estalló la crisis financiera global. Los analistas advierten que esta alta volatilidad podría provocar nuevas subidas del índice en los próximos meses si la situación en la región no se estabiliza.
Cambios en el mercado de crédito
El alza del euríbor afecta tanto a los préstamos vigentes como a las condiciones de las nuevas hipotecas. Los bancos ya han comenzado a endurecer los requisitos para los solicitantes y a aumentar los tipos en los nuevos créditos, ante el temor de un incremento en la morosidad si la crisis se prolonga. Conseguir una hipoteca es ahora más difícil y los costes de financiación, más elevados. Esto podría reducir la demanda de vivienda y ralentizar la actividad en el sector inmobiliario.
Sin embargo, según datos de russpain.com, la situación difiere de crisis anteriores: la morosidad en bancos españoles se mantiene en un mínimo histórico del 2,71% hasta enero. Esto se debe a que, tras crisis económicas previas, familias y empresas redujeron activamente su endeudamiento, permitiendo que el sector bancario mantenga su estabilidad incluso ante nuevos desafíos.
Pronósticos y expectativas
Entre las pocas previsiones que tienen en cuenta el impacto del conflicto, destacan las estimaciones de Bankinter: según el banco, el euríbor a 12 meses podría situarse este año y el próximo entre el 2,30 y el 2,45%. Esto abre la posibilidad de que no haya nuevas subidas bruscas, aunque persiste la incertidumbre. Al mismo tiempo, si la situación en los mercados energéticos empeora, la inflación podría acelerarse otra vez y, junto con ella, también el alza de los tipos de interés.
En los últimos años, los españoles ya se han enfrentado a situaciones similares. Por ejemplo, en 2022, tras el inicio del conflicto en Ucrania y la subida de los precios energéticos, el euríbor también se disparó, lo que encareció las cuotas hipotecarias y endureció las condiciones de crédito. Entonces, bancos y prestatarios buscaron acuerdos para evitar impagos generalizados. Ahora, pese a los nuevos retos, el sector bancario parece estar mejor preparado y la morosidad sigue siendo baja. Sin embargo, la evolución futura dependerá de la dinámica de los mercados globales y de las decisiones de los bancos centrales.











