
La situación en la carretera C-16 de Cataluña vuelve a estar en el centro de atención tras una tragedia que ha conmocionado a toda España. Dos niños pequeños de una familia de las Islas Baleares fallecieron después de una colisión frontal ocurrida a finales de diciembre de 2025 en las inmediaciones de la localidad de Cercs. Sus padres y el conductor del segundo vehículo resultaron gravemente heridos. Este suceso se ha convertido en un recordatorio más de la peligrosidad del tramo entre Berga y Bagà, escenario de numerosos accidentes graves en los últimos años.
Según informa El País, este tramo de carretera está considerado por los expertos de EuroRAP como uno de los más peligrosos del país. La causa: la combinación de tráfico intenso con una infraestructura obsoleta incapaz de soportar la demanda actual. La situación se complica especialmente los fines de semana de invierno, cuando el flujo de vehículos aumenta bruscamente por la afluencia de turistas y residentes que se dirigen a la montaña. Los atascos y los accidentes se han vuelto habituales, mientras vecinos y alcaldes llevan años exigiendo cambios.
Pagamos más — arriesgamos más
En España se suele considerar que las autopistas de peaje ofrecen un mayor nivel de seguridad. Sin embargo, en la C-16 esta lógica no funciona. Además del peligro para la vida, los conductores se ven obligados a pagar unas de las tarifas más altas de Europa. Por ejemplo, cruzar el túnel de Cadí cuesta casi 15 euros solo ida. Si se suma el tramo entre Terrassa y Manresa los fines de semana, así como el peaje de los túneles de Vallvidrera, el coste total del trayecto desde Barcelona hasta la entrada norte del túnel de Cadí supera los 32 euros. Aun así, es precisamente en este recorrido donde se registra el mayor número de accidentes y víctimas mortales.
Muchos habitantes de la región consideran esta situación injusta. Señalan que se ven obligados a pagar por una carretera que no solo no garantiza la seguridad, sino que además es escenario frecuente de tragedias. Las protestas y reclamaciones ante las autoridades llevan años, pero hasta ahora no se han producido cambios significativos.
Promesas sin resultados
Las autoridades de Cataluña y varios partidos políticos han prometido en repetidas ocasiones modernizar el tramo problemático. Ya en 2006 se discutía un proyecto para ampliar la carretera a dos carriles por sentido entre Berga y Bagà. Sin embargo, la crisis económica paralizó estos planes. Más tarde, con un gobierno diferente, surgió la idea de implantar un carril reversible con una mediana móvil para aumentar la capacidad según la dirección del tráfico principal. Pero este proyecto tampoco se llevó a cabo por falta de financiación y numerosas objeciones de los vecinos.
En 2024, las autoridades prometieron de nuevo construir un carril reversible y destinaron 240 millones de euros para ello. El plan preveía ejecutar el proyecto en dos fases: primero ampliar la carretera hasta Cercs y posteriormente habilitar la circulación reversible hasta Bagà. Sin embargo, dos años después de los grandes anuncios, la situación apenas ha cambiado. El cambio de gobierno y la falta de acciones reales han vuelto a dejar a los habitantes de la región sin las esperadas mejoras.
Consecuencias para la región
Los problemas en la C-16 afectan no solo a la seguridad, sino también a la economía regional. Las altas tarifas de peaje y los constantes atascos impactan negativamente en el turismo y los negocios. Empresarios locales señalan que muchos turistas prefieren evitar este tramo para no pagar tanto y no arriesgarse a sufrir un accidente. Como resultado, se resienten hoteles, restaurantes y otros sectores que dependen del flujo de visitantes.
Según informa El Pais, la situación en la C-16 se ha convertido en un símbolo de la ineficiencia en la gestión de la infraestructura vial en Cataluña. A pesar de las múltiples promesas y presupuestos asignados, los cambios reales se posponen año tras año. Los habitantes de la región siguen enfrentándose a peligros en la carretera y se ven obligados a pagar por circular por una vía que desde hace tiempo necesita una modernización.
En los últimos años, en España se ha debatido en varias ocasiones sobre la seguridad de las autopistas de peaje. En 2023 se discutió un accidente en la AP-7 en Valencia, donde varias personas también resultaron afectadas por la saturación de la vía. En Andalucía, en 2024, las autoridades se vieron obligadas a suspender temporalmente el peaje en un tramo tras una serie de accidentes. Estos casos demuestran que el problema de la seguridad en las autopistas de peaje sigue vigente en todo el país y requiere una solución integral.












