
Cataluña ha vivido unos de los días más difíciles de los últimos años: un potente temporal, bautizado como «Harry», ha alterado por completo la vida cotidiana en la región. Fuertes lluvias y vientos huracanados azotaron las zonas del norte, en especial Girona y las áreas costeras de Barcelona. En algunas localidades se registraron más de 200 litros de precipitaciones por metro cuadrado en solo 24 horas, lo que provocó inundaciones generalizadas y el desbordamiento de ríos. Como consecuencia, muchas carreteras quedaron bajo el agua y algunas poblaciones quedaron totalmente incomunicadas.
En Banyoles, el lago se desbordó y los ríos Ter y Daró inundaron campos y núcleos urbanos cercanos. En lugares como Fontanilles, Palau-sator y Serra de Daró, los vecinos quedaron aislados: las carreteras están cortadas y las tierras agrícolas se convirtieron en un gran lodazal. Las playas a lo largo de la costa —desde Empúries hasta Sant Antoni de Calonge y también en alrededores de Barcelona— han perdido gran parte de su arena e incluso algunos tramos desaparecieron bajo la fuerza de las olas.
Consecuencias trágicas
El temporal no pasó sin causar víctimas. Dos personas fallecieron: un hombre de 63 años intentó cruzar un río desbordado en Pals d’Empordà y se ahogó, mientras que un maquinista perdió la vida cuando un muro se desplomó sobre su tren en la zona de Gelida. Los equipos de rescate trabajaron al límite: los bomberos sacaron del agua y de vehículos inundados a más de veinte personas que se arriesgaron a cruzar tramos peligrosos. Pese a todo, se logró evitar daños graves en viviendas, pero la infraestructura de transporte sufrió importantes afectaciones.
Algunas carreteras siguen siendo intransitables, se interrumpió el servicio de trenes de cercanías y media distancia, y el tramo de la autopista AP-7 entre Martorell y Sant Sadurní quedó completamente cerrado. Las autoridades se vieron obligadas a cerrar colegios, comercios e incluso centros de salud en Girona, y las vistas judiciales fueron aplazadas indefinidamente.
El trabajo de los equipos de emergencia
El teléfono de emergencias 112 registró más de dos mil llamadas en veinticuatro horas, y los bomberos realizaron cerca de 1.300 intervenciones, principalmente en Girona y sus alrededores. El oleaje en el cabo de Begur alcanzó casi 12 metros, provocando inundaciones en restaurantes y calles, además de dañar infraestructuras costeras. Las autoridades pidieron máxima precaución en las zonas por donde discurre el río Ter: el agua anegó zonas bajas y sótanos, y el nivel de los embalses alcanzó el 90,5% de su capacidad máxima. Para evitar nuevos incidentes, se inició una liberación controlada de agua para reducir la presión sobre los cauces de los ríos.
En Badalona, la tormenta destrozó parte del paseo marítimo, causando graves daños en el colector de alcantarillado. En el delta del Ebro, el temporal rompió la barra de arena de Trabuador, dificultando el acceso a las salinas y poniendo en riesgo el ecosistema de la zona.
Daños al patrimonio cultural
El patrimonio histórico también ha sufrido pérdidas: el yacimiento arqueológico íbero de Ullastret resultó dañado tras el derrumbe de un tramo de diez metros de la antigua muralla. La causa fue no solo la lluvia torrencial, sino también el exceso de humedad en el suelo, incapaz de soportar el peso. Actualmente, el monumento está cerrado al público, mientras los expertos evalúan el alcance de los daños y elaboran un plan para preservar este enclave único.
Aunque la vida en la región poco a poco recupera la normalidad, se avecinan nuevos desafíos: los meteorólogos alertan de la proximidad de otro ciclón que podría traer nevadas y lluvias. Cataluña se prepara nuevamente para hacer frente al temporal, mientras autoridades y vecinos continúan trabajando para reparar los daños causados por la última tormenta.












