
A solo una hora de la bulliciosa y vibrante capital de la comunidad del mismo nombre se esconde un verdadero tesoro, declarado Bien de Interés Cultural. Hablamos de Chelva, un enclave donde épocas y creencias se entrelazan, y las paredes de las casas conservan la huella de su pasado bereber. Es el destino perfecto para quienes buscan rutas fuera de lo común, desean sumergirse en la atmósfera de la España antigua y sacar fotos dignas de revista.
La historia de este lugar se remonta a la Edad del Bronce, como lo demuestran restos de asentamientos íberos y romanos. Sin embargo, la auténtica fama de Chelva proviene de su singular convivencia de tres grandes civilizaciones: musulmana, judía y cristiana. Este pasado rico y diverso se percibe a cada paso, en cada piedra de sus calles. No sorprende que todo su casco histórico haya sido declarado conjunto protegido, formado por varios barrios con un trazado complejo, misterioso y laberíntico.
Pasear por Chelva es viajar en el tiempo. El barrio de Benacacira, antigua medina andalusí de los siglos XI–XII, te sumerge en un laberinto de callejuelas estrechas donde es fácil imaginar la vida de hace siglos. Aquí se conservan elementos arquitectónicos propios de la cultura mudéjar. El barrio cristiano de Ollerías, surgido en el siglo XIV, ofrece una atmósfera completamente diferente; su nombre proviene de los hornos de alfarería que antaño humeaban aquí. Las calles son más anchas y ordenadas. Por su parte, el barrio judío de Azoque está repleto de pasadizos misteriosos que mantienen su trazado medieval de origen musulmán. Y en el barrio mudéjar-morisco de Arrabal, cuyo aspecto se consolidó en el siglo XIV y ha llegado casi intacto hasta nuestros días, puedes hallar tranquilidad escuchando el susurro del agua en los canales de riego y disfrutando de la fresca sombra bajo antiguas arcadas.
Además de su riqueza histórica, los alrededores de Chelva son famosos por sus parajes naturales. Uno de los principales atractivos turísticos es la ruta del acueducto de Peña Cortada. El sendero comienza a sólo diez minutos del pueblo y se recorre en unas cuatro horas. Esta excursión permite combinar historia, ingeniería y naturaleza en perfecta armonía. Los caminantes se encuentran con cuevas excavadas en la roca, pasadizos secretos e impresionantes túneles. El recorrido discurre por los municipios de Chelva y Calles, ofreciendo la oportunidad de contemplar de cerca una de las obras hidráulicas más importantes de la Comunidad Valenciana.
Para quienes prefieren paseos más tranquilos, la «Ruta del Agua» es la opción ideal. Este recorrido circular de dos horas serpentea junto al río Chelva, revelando numerosas fuentes y manantiales a lo largo del sendero. En el camino hay zonas de descanso, incluida la explanada Molino-Puerto, equipada con áreas de picnic, instalaciones deportivas y juegos infantiles. Mención especial merece el paraje de La Playeta, con sus cascadas y remanso de agua, perfecto para darse un baño en los días calurosos.
Llegar a este rincón pintoresco desde la capital de la región es muy sencillo: basta con tomar la carretera CV-35 en dirección a Ademuz, y el trayecto no llevará más de una hora. Si viajas en coche desde Madrid o Barcelona, el viaje dura unas cuatro horas, pero la experiencia sin duda justifica el tiempo invertido.










