
En Cataluña ha surgido un grave problema para los estudiantes que se forman como técnicos en emergencias sanitarias. Cientos de alumnos se han quedado sin acceso a las prácticas obligatorias en ambulancias, lo que afecta directamente a la obtención de su título y a su futura inserción laboral. La causa es la postura de las empresas, que se han negado a aceptar a menores de edad por temor a consecuencias legales y ante la falta de una regulación clara sobre su participación en intervenciones reales.
Barreras legales
Las empresas de servicios de ambulancias han declarado que no pueden admitir en prácticas a estudiantes menores de 18 años. Según explican, la inspección laboral ha empezado a considerar la participación de menores en situaciones de emergencia no como una formación, sino como una relación laboral, lo que supone un riesgo de sanciones y disputas judiciales. Además, no está claro quién es responsable del menor en caso de incidente durante una salida. Como señala El País, los empleadores temen interpretaciones ambiguas de la ley y optan por no exponerse.
Como consecuencia, muchas familias y centros educativos se encuentran en una situación de incertidumbre. Los padres de los estudiantes muestran su preocupación: sin prácticas, sus hijos no podrán acabar sus estudios a tiempo, y las alternativas propuestas no ofrecen las competencias necesarias para trabajar en el sector. Algunos colegios advirtieron con antelación sobre posibles dificultades, pero las expectativas de una solución rápida no se han cumplido.
Búsqueda de alternativas
El Departamento de Educación de Cataluña acusó a las empresas de incumplir los acuerdos con los centros educativos, ya que los contratos no establecían límites de edad. Las autoridades crearon un comité de crisis junto con el departamento de salud para buscar una solución. Entre las alternativas propuestas están la realización de prácticas en centros sanitarios, residencias de ancianos o servicios de apoyo a distancia. Además, permitieron a los estudiantes sustituir parte de las prácticas por trabajos de proyecto en el aula.
Sin embargo, estas medidas no convencen ni a profesores ni a estudiantes. Según los directores de los centros, los titulados sin experiencia real en ambulancias no estarán preparados para trabajar de forma autónoma. Los padres temen que la falta de prácticas completas afecte a la calidad de la formación y a las oportunidades de empleo. Algunas familias ya contemplan la posibilidad de que se pierda el año académico si no se resuelve la situación.
Reacción y consecuencias
Según El País, el año pasado más de 2.500 estudiantes cursaron formación en emergencias médicas y el número de reclamaciones sigue creciendo. Las autoridades reconocen que aún no se conoce el número exacto de afectados, pero la magnitud del problema es evidente. La Asociación de Empresas de Ambulancias de Cataluña argumenta que las inspecciones laborales no consideran las prácticas como parte del proceso formativo, sino como un trabajo, lo que genera confusión legal.
En respuesta a las acusaciones de incumplimiento de los acuerdos, los representantes de las empresas destacan que no pueden garantizar la seguridad ni la protección legal de los menores en situaciones de emergencias. Las autoridades, por su parte, insisten en la obligatoriedad del seguro para los estudiantes y señalan la ausencia de prohibiciones formales para su participación en las prácticas. Mientras tanto, las instituciones educativas siguen buscando soluciones de compromiso para evitar la interrupción del proceso formativo.
En los últimos años, España ya ha afrontado situaciones similares en las que estudiantes menores de edad se han encontrado con restricciones para realizar prácticas en sectores de alto riesgo. Por ejemplo, se han dado disputas parecidas en la construcción y la industria, donde las empresas también han citado la ambigüedad legal y la preocupación por la responsabilidad. En algunas regiones, la cuestión se ha solventado temporalmente ampliando la lista de lugares alternativos para las prácticas, aunque la necesidad de una regulación integral de la participación de menores en la formación profesional sigue siendo un reto pendiente en todo el país.












