
En los últimos meses, Badalona, la cuarta ciudad más poblada de Cataluña, ha vivido una serie de hechos trágicos que han generado una amplia repercusión social. En solo dos meses, cinco personas sin hogar fallecieron en las calles de la ciudad, pero las autoridades locales no consideraron necesario expresar públicamente condolencias ni reaccionar ante estas muertes. Esta postura frente a la problemática de la falta de vivienda ha sido motivo de debate no solo entre los vecinos de la ciudad, sino también a nivel autonómico.
Como subraya El Pais, en otros municipios de Cataluña las autoridades suelen aplicar medidas controvertidas relacionadas con el acceso al agua o el registro de personas migrantes, pero el caso de Badalona destaca por una insensibilidad particular. La ausencia de una respuesta oficial ante la muerte de personas en situación de calle se percibe como una muestra de indiferencia hacia los sectores más vulnerables de la sociedad. Esta decisión municipal ha generado interrogantes sobre las prioridades de la política local y el compromiso con la responsabilidad social.
Infraestructura social
La ciudad carece de refugios y comedores para personas sin hogar, a pesar de que el problema sigue vigente. Según representantes de organizaciones locales, las autoridades consideran el asunto resuelto y han cerrado todas las instalaciones previas. Además, el año pasado la administración de Badalona abandonó el consejo de coordinación encargado de apoyar a las personas sin techo. Esta decisión dejó, en la práctica, a estas personas sin acceso a ayuda social mínima.
A principios de año, un grupo de personas que se quedaron sin hogar tras ser desalojadas del edificio del instituto B9 intentó refugiarse en el antiguo albergue Can Bofí Vell. Allí comprobaron que el lugar estaba abandonado y que los enseres y alimentos seguían intactos. El ayuntamiento no tomó ninguna medida para redistribuir ni reutilizar estos recursos. Esta situación pone de manifiesto la falta de un enfoque estructural para abordar el problema del sinhogarismo en la ciudad.
Respuesta social
Organizaciones como Badalona Acull realizan habitualmente actos en memoria de las personas sin hogar fallecidas, pero el ayuntamiento suele ignorar estas iniciativas. En el último acto, celebrado el 9 de marzo, no asistió ningún miembro del consistorio. Esta falta de atención institucional agrava la sensación de aislamiento social y marginación entre quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
En declaraciones públicas y redes sociales, miembros del gobierno municipal suelen asociar el sinhogarismo con delincuencia y migración irregular. Este tipo de mensajes alimenta una percepción negativa hacia los colectivos vulnerables y dificulta la búsqueda de soluciones eficaces. Según El Pais, el alcalde ha manifestado en varias ocasiones su rechazo a conceder ayudas sociales a recién llegados, argumentando que esto atrae a más migrantes.
Impacto en la ciudad
La falta de apoyo social y de una respuesta oficial ante la muerte de personas sin hogar puede agravar aún más la situación. Los vecinos de Badalona señalan que la ciudad se está volviendo menos segura y menos cohesionada. Las decisiones del ayuntamiento generan descontento entre activistas y ciudadanos, quienes consideran que los derechos humanos deben ser prioridad en la política municipal.
En los últimos años, en España se ha debatido reiteradamente la responsabilidad social de los ayuntamientos hacia las personas sin hogar. En otras ciudades del país, como Barcelona y Madrid, las autoridades han implementado programas de apoyo y creado nuevos albergues para reducir las muertes en las calles. Sin embargo, en Badalona la situación sigue siendo tensa y la falta de cambios genera preocupación sobre el futuro de la política social en la región.
Al recordar casos similares, cabe señalar que en 2025 también se registraron muertes de personas sin hogar en las calles de Valencia y Zaragoza, lo que llevó a revisar los programas de apoyo locales. En Barcelona, tras una serie de tragedias, se abrieron albergues adicionales y se habilitaron brigadas móviles de ayuda. Estas medidas permitieron reducir la frecuencia de incidentes similares y aumentar la confianza en las autoridades municipales. La experiencia de otras ciudades demuestra que una actitud activa de la administración puede cambiar la situación y prevenir nuevas tragedias.












