
En Madrid se intensifica el conflicto entre el gobierno regional y la red de centros educativos católicos. El motivo es la decisión de las autoridades de prohibir por completo el uso individual de dispositivos electrónicos en las aulas para niños menores de 12 años. Las nuevas normas entrarán en vigor con el inicio del curso escolar 2025-2026 y ya han desatado una fuerte indignación entre docentes y familias.
El cambio supone la eliminación total de tabletas, portátiles y teléfonos móviles en las clases de educación infantil y primaria. Ahora los alumnos solo podrán usar dispositivos digitales en un tiempo estrictamente limitado y siempre bajo la supervisión del profesor. Para los más pequeños —hasta los tres años— el contacto con la tecnología queda totalmente prohibido. En los últimos cursos de primaria se permitirá un máximo de dos horas semanales, y en secundaria la decisión sobre su uso quedará en manos del centro educativo.
Las escuelas católicas, agrupadas en una federación, consideran que estas medidas vulneran su derecho a diseñar sus propias propuestas educativas. Opinan que la prohibición contradice los principios de libertad de elección y diversidad que promueve la región. La dirección de los centros defiende que los padres deben poder escoger el modelo educativo para sus hijos, y no verse obligados a seguir una única línea estricta.
Las autoridades de Madrid justifican las nuevas medidas como un esfuerzo por volver a métodos tradicionales: libros de texto en papel, cuadernos y escritura a mano. Sin embargo, los funcionarios insisten en que las competencias digitales no se eliminan, sino que su desarrollo debe ser gradual y adecuado a la edad de los estudiantes. Se contemplan excepciones para niños con necesidades educativas especiales y para escuelas que ya han implementado programas digitales individuales, a las que se les concede una prórroga hasta finales del verano de 2026.
El proceso judicial promete convertirse en un precedente para todo el país. Si los colegios católicos logran defender su postura, esto podría influir en la digitalización educativa no solo en Madrid, sino también en otras regiones de España. Mientras tanto, miles de familias y docentes esperan la decisión de los tribunales, temiendo que las nuevas normas limiten las oportunidades para el desarrollo de competencias modernas entre los niños.











