
En agosto de 2024, parecía que el rompecabezas político finalmente se había resuelto: los socialistas estaban en el poder tanto en Madrid como en Barcelona, y Cataluña, tras años de tensiones, volvía a la normalidad. Pedro Sánchez recibió el apoyo de sus colegas catalanes y Salvador Illa se convirtió en el símbolo de una nueva etapa. Sin embargo, año y medio después, el optimismo dio paso a la decepción: ni Sánchez ni Illa han logrado aprobar sus presupuestos, y las conversaciones sobre el “conflicto político” vuelven a resonar en las entrevistas del presidente.
Junts, el partido de Carles Puigdemont, no oculta su descontento. Miriam Nogueras, una de las figuras clave de Junts en Madrid, afirmó directamente que la situación no ha cambiado y que las posiciones siguen siendo las mismas. Sánchez, al reconocer lo que antes negaba, ha devuelto a Junts el protagonismo, insinuando un posible regreso de Puigdemont a la primera línea política.
Juego doble
Mientras el líder de Junts permanece fuera de España y el partido está en la oposición en Cataluña, les incomoda el papel de “salvadores” de Sánchez. En Suiza continúan las negociaciones con el mediador internacional sobre la cuestión catalana, mientras Sánchez e Illa recorren el país proclamando la derrota del movimiento independentista. Por primera vez en 44 años, los partidarios de la secesión no tienen mayoría en el Parlament, pero eso no impide que Sánchez retome la retórica del conflicto, contradiciendo los mensajes triunfalistas de Illa sobre el regreso de Cataluña a la política española.
La situación se complica aún más porque Junts apoya al Gobierno en Madrid, pero se posiciona contra los socialistas en Cataluña. A pesar de ello, Illa sigue siendo el principal aliado de Sánchez en el partido. Fue él quien se reunió con Puigdemont en Bruselas al inicio del curso político para facilitar la labor del Ejecutivo. También acudió en ayuda de Sánchez en junio, cuando estalló el escándalo en torno a Santos Cerdán.
Callejón financiero
Sánchez sigue siendo una figura clave para los socialistas en Cataluña, mientras Illa trata de equilibrar los intereses de las distintas partes. En los próximos meses se enfrentarán a un nuevo reto: la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, prepara un proyecto de reforma de la financiación autonómica. El estatus especial de financiación, por el que el PSC obtuvo los votos de ERC y dejó a Junts en la oposición, aún no se ha materializado. De ello depende la aprobación del presupuesto de Cataluña, algo que ERC espera con impaciencia.
En el seno del PSOE consideran que el presupuesto estatal está sobrevalorado, ya que los fondos europeos han aportado el colchón necesario. Pero Illa no puede vivir eternamente de soluciones provisionales: sin un presupuesto propio, su proyecto político no podrá consolidarse.
El factor catalán
Toda esta situación vuelve a colocar la cuestión catalana en el centro de la política española. A pesar de los intentos de normalizar las relaciones, las viejas discrepancias persisten. Junts sigue manteniendo sus exigencias, mientras que los socialistas se ven obligados a buscar compromisos para conservar un equilibrio frágil. Se avecinan nuevas negociaciones, más desafíos y, posiblemente, giros inesperados en las relaciones entre Madrid y Barcelona.











