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Cómo los souvenirs en el Camino de Santiago se convirtieron en un negocio global

Souvenirs del Camino de Santiago: desde reliquias de plata hasta imanes chinos, ¿qué compran los peregrinos?

Un viaje por la evolución de los souvenirs en Santiago de Compostela. Cómo han cambiado los símbolos de la peregrinación y por qué la ciudad limita la apertura de nuevas tiendas. El secreto de la popularidad de los souvenirs modernos y quiénes están detrás de su creación.

En Santiago de Compostela circula desde hace tiempo una leyenda: el primer recuerdo que los peregrinos llevaban consigo era una concha de vieira. En la Edad Media, esta servía como prueba de que la persona realmente había llegado a la ciudad santa. Entonces las conchas solo se recolectaban en las rías gallegas, pero hoy la mayoría de estos souvenirs provienen de Irlanda. Las empresas dedicadas a la exportación de moluscos han encontrado una nueva forma de beneficiarse de la popularidad del Camino de Santiago, sin desperdiciar ni una sola concha.

La simbología del Camino no se limita solo a las conchas. Miniaturas del famoso Botafumeiro, el enorme incensario de la catedral, se fabrican en Menorca, y la gama de souvenirs en las dos últimas décadas se ha vuelto realmente internacional. En el casco histórico de Santiago funcionan actualmente más de noventa tiendas de recuerdos, y las autoridades han decidido poner fin a la concesión de nuevas licencias para evitar que la ciudad se convierta en un gran mercado turístico.

Dinastías familiares como la familia Villar recuerdan tiempos en los que los recuerdos eran elaborados a mano por artesanos locales. Pero con la llegada del turismo masivo todo cambió: ahora los imanes, pines y figuritas se producen en fábricas chinas y luego se envían en contenedores a España. Villar recuerda cómo viajó a China para encontrar fabricantes adecuados. En aquel entonces eran pequeños talleres con suelos de tierra, y ahora son grandes empresas que abastecen a todo el mundo. En su almacén, situado en el polígono industrial de O Tambre, se guardan miles de artículos, y él no es ni mucho menos el único importador de la ciudad.

Entre los vendedores aún hay quienes mantienen las tradiciones. En una tienda de la Rúa do Franco todavía se pueden encontrar muñecas con trajes típicos, figuras talladas a mano en madera y otros objetos raros creados por artesanos que casi ya han desaparecido. Sin embargo, la demanda de estos artículos está en declive: los turistas actuales prefieren recuerdos ligeros y económicos, como imanes, camisetas, insignias y, por supuesto, rosarios con la concha y la cruz de Santiago. También han cambiado los hábitos de los viajeros: ahora pocos están dispuestos a llevar objetos pesados o voluminosos a casa, y muchos ni siquiera conocen qué es un hórreo gallego, que antes era un recuerdo popular.

La moda de los souvenirs ha llegado incluso a los estudios de tatuajes. Los peregrinos piden símbolos del Camino como recuerdo: desde conchas hasta flechas indicadoras. La catedral tampoco se ha quedado al margen: dentro funciona una tienda oficial donde se pueden adquirir productos con la marca. Esto genera malestar entre algunos comerciantes locales, que opinan que el templo se está convirtiendo en un mercado.

Las autoridades municipales intentan combatir la proliferación de tiendas de recuerdos y devolver al centro de la ciudad los comercios tradicionales y la vivienda para los residentes. Santiago de Compostela está entre las ciudades más visitadas de España, y el flujo de turistas no ha disminuido desde el inicio de las peregrinaciones masivas en los años 90.

A veces, la pasión por los souvenirs únicos llega al absurdo. En los años 70, el conocido empresario José María Ruíz-Mateos intentó comprar el auténtico Botafumeiro de plata, que pesaba 60 kilos, pero su oferta fue rechazada. Tras esto, difundió una noticia falsa sobre un supuesto robo, y hasta el día de hoy, una fotografía con el incensario adorna la tienda familiar.

Entre los turistas extranjeros son especialmente populares las figuras de madera del apóstol Santiago y la fachada de la catedral. Casi no quedan artesanos locales, pero el argentino Óscar Martarelli, que trabaja en la Praza do Toural, todavía colabora con uno de los últimos escultores. Su tienda es famosa por los parches únicos que indican la distancia hasta Santiago —más de 1700 modelos encargados en un taller portugués—. Incluso diseña modelos personalizados para peregrinos con niños o provenientes de los lugares más insólitos del mundo.

La producción de recuerdos se ha convertido en toda una industria. Las conchas y cruces suelen llegar desde Asturias, los azulejos de cerámica desde Andalucía, y los sombreros desde Valencia. Sin embargo, la mayoría de los productos baratos provienen de China. A veces surgen curiosidades: por ejemplo, en una plataforma online se vendía una placa con errores, donde el Camino de Santiago estaba mal escrito y el mapa de España parecía dibujado por un niño. Incluso estos artículos encuentran compradores —por 18,5 euros.

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