
En Aragón, en vísperas de las elecciones, se ha desatado una intensa lucha por el apoyo del sector agrícola, cuyas consecuencias podrían impactar tanto en la economía regional como en la nacional. Las cuestiones relacionadas con los acuerdos comerciales y la gestión de los recursos hídricos se han convertido en puntos clave de tensión entre los partidos. La agricultura aquí no es solo un sector, sino la base de la vida para decenas de miles de familias, por lo que cualquier cambio se percibe con especial sensibilidad.
En las últimas semanas, la competencia política entre el Partido Popular (PP) y Vox ha alcanzado su punto máximo. Ambas formaciones buscan ganarse el respaldo de los agricultores, utilizando como argumentos tanto los acuerdos internacionales como los problemas internos del sector. Ante el descontento del campo con la burocracia y la competencia de productores extranjeros, los partidos intentan fortalecer su posición sin escatimar en declaraciones contundentes y acusaciones.
La batalla por el campo
En las zonas rurales de Aragón, cada vez se escuchan más voces de descontento. Muchos agricultores expresan abiertamente su frustración con las políticas de la Unión Europea, considerando que las nuevas normativas y acuerdos solo agravan su situación. La posible apertura del mercado a productos de países de Mercosur se percibe especialmente crítica, ya que, según las cooperativas locales, esto podría provocar una caída en los precios de los productos españoles y la ruina de las pequeñas explotaciones.
Vox aprovecha activamente este clima, construyendo su campaña sobre la crítica al acuerdo con Mercosur y acusando a sus rivales de traicionar los intereses de la población rural. Según las encuestas, este partido es actualmente el favorito entre los agricultores, superando incluso al tradicionalmente fuerte PP en la región. En respuesta, el Partido Popular endurece su discurso, intentando no perder la iniciativa y acusando a Vox de populismo e incoherencia.
El tema del agua
Igualmente tensa ha resultado la disputa sobre el posible desvío de las aguas del río Ebro. Para muchos habitantes de la región, se trata de un símbolo de la lucha por la supervivencia, ya que el agua aquí es un recurso estratégico. Dentro de Vox han surgido discrepancias: algunos candidatos apoyan la idea del desvío, mientras que otros se oponen firmemente. A su vez, el PP utiliza este conflicto interno para atacar a sus adversarios y reforzar su posición entre los agricultores preocupados por el futuro de sus explotaciones.
Las acusaciones y reproches mutuos se intensifican. Los representantes de Vox sostienen que el PP actúa en connivencia con los socialistas a nivel europeo, sacrificando los intereses de los agricultores por acuerdos políticos. El PP, por su parte, acusa a Vox de carecer de soluciones reales y de intentar aprovechar el descontento para ganar apoyo antes de las elecciones.
Economía y empleo
La agricultura y la industria agroalimentaria en Aragón generan empleo para decenas de miles de personas y representan una parte significativa del PIB regional. La proporción de ocupados es especialmente alta en las provincias de Teruel y Huesca, donde prácticamente no existen fuentes alternativas de ingresos. Cualquier cambio en las normas comerciales o en la distribución del agua puede tener graves consecuencias sociales, incluyendo el aumento del desempleo y el éxodo de la población.
En un contexto donde el sector agrario enfrenta una competencia creciente y normativas sanitarias más estrictas, los partidos políticos se ven obligados a buscar nuevas fórmulas para abordar los problemas. Sin embargo, por ahora, predominan los reproches mutuos y los intentos de aprovechar la situación para reforzar sus posiciones electorales en lugar de un diálogo constructivo.
Perspectivas políticas
Las encuestas indican que ninguno de los partidos logrará formar mayoría sin el apoyo de sus rivales. Esto implica que, tras las elecciones, PP y Vox, a pesar de la dureza del enfrentamiento, tendrán que buscar compromisos. Este panorama añade incertidumbre y tensión a la campaña electoral, mientras los agricultores siguen esperando medidas concretas que les permitan sobrevivir en las nuevas condiciones.
En los últimos años, conflictos similares en torno a la política agraria y la distribución de los recursos hídricos también se han producido en otras regiones de España. En Valencia y Murcia se han celebrado repetidas protestas masivas contra los cambios en las normas de uso del agua y la importación de productos agrícolas. En 2025, el debate sobre el acuerdo con Mercosur generó una ola de descontento entre los agricultores de todo el país, mientras que en Andalucía y Castilla-La Mancha el sector exigía una revisión de las cuotas europeas. Estos acontecimientos demuestran que no se trata de un problema local, sino de una cuestión que afecta a millones de españoles para quienes la agricultura sigue siendo la base de la vida y la estabilidad económica.












