
En Andalucía se perfila un giro político que podría cambiar el equilibrio de fuerzas en la región. Antonio Maíllo, candidato de Por Andalucía, ha manifestado abiertamente su intención de llevar a su partido por un camino independiente, rechazando cualquier intento de devolver al PSOE al poder. Para la ciudadanía, esto va mucho más allá de la retórica electoral: está en juego el futuro de los servicios públicos, que se han convertido en el eje de una dura disputa entre partidos.
Maíllo subraya que Por Andalucía no será una herramienta para facilitar el regreso de los socialistas al control de la autonomía. Su estrategia pasa por construir un proyecto político autónomo, sin depender de acuerdos previos ni someterse a los intereses de otras fuerzas de izquierda. En este contexto, el partido está abierto a colaborar con Podemos, pero no está dispuesto a sacrificar su propio programa en pos de alianzas. La experiencia de años anteriores, cuando las negociaciones con los socios se alargaban hasta el último momento, ha sido una lección para Maíllo: ahora Por Andalucía sigue su propio rumbo, y quien desee unirse tendrá que hacerlo sobre la marcha.
La apuesta por los desencantados
El principal reto de Maíllo es volver a llevar a las urnas a quienes se han desencantado con la política y han dejado de votar en las autonómicas. Según él, este segmento de la sociedad puede decidir el resultado de la campaña. No sólo es fundamental captar nuevos apoyos, sino también convencer a aquellos que suelen votar en comicios nacionales pero ignoran los locales. Maíllo confía en que su partido pueda atraer tanto al electorado de izquierda como al más moderado, cansado de los viejos esquemas políticos.
A diferencia de otras fuerzas de izquierda, Por Andalucía pone el foco en la defensa de los servicios públicos: sanidad, educación y el sistema de apoyo a personas dependientes. Maíllo está convencido de que estos son los temas que más preocupan a la mayoría de los residentes de la región, y sobre ellos debe construirse la alternativa al actual gobierno. Según sus palabras, el presidente autonómico en funciones, Juanma Moreno, no debería optar a un tercer mandato porque el sistema sanitario no lo soportaría.
Distancia respecto al PSOE
Maíllo no lo oculta: la colaboración con el PSOE solo será posible después de las elecciones y únicamente si es necesaria para formar un gobierno de coalición. Hasta entonces, no habrá acciones conjuntas ni acuerdos preelectorales. Este enfoque es un intento de subrayar la autonomía de Por Andalucía y evitar asociaciones con los errores pasados de los socialistas, que gobernaron la región durante mucho tiempo.
Dentro del partido están convencidos de que solo una posición fuerte en las urnas permitirá imponer sus condiciones en futuras negociaciones. Maíllo habla abiertamente de que su objetivo es obtener el mayor número posible de votos para, si resulta necesario, poder marcar la agenda incluso ante actores políticos de mayor peso. En este sentido, Por Andalucía no tiene intención de ceder por beneficios a corto plazo.
La batalla por la agenda
Otro aspecto clave es el deseo de Maíllo de situar a Andalucía en el centro del debate político nacional. A su juicio, la región queda con demasiada frecuencia a la sombra de Madrid y Cataluña, y sus problemas se ignoran a nivel estatal. Maíllo pretende cambiar esta realidad, usando las próximas elecciones como plataforma para defender los intereses de Andalucía.
La estrategia interna del partido se basa en hacer frente no solo al gobernante Partido Popular, sino también al creciente peso de la extrema derecha. Maíllo subraya que el objetivo es evitar que posturas extremas se conviertan en el eje que marque el rumbo de la región. En este contexto, la defensa de los servicios públicos deja de ser solo un lema electoral para convertirse en una cuestión de supervivencia para muchos ciudadanos.
Nuevas reglas del juego
Maíllo insiste una y otra vez: la victoria es posible si se abandonan los viejos esquemas y se apuesta por la autonomía. Su equipo confía en que solo así podrán recuperar la confianza de los votantes y transformar el panorama político de Andalucía. Por delante les espera una campaña exigente, en la que está en juego no solo el poder, sino el futuro de sectores clave para la región.
En un contexto donde las alianzas tradicionales han dejado de funcionar y el electorado está cansado de promesas incumplidas, Por Andalucía apuesta por la renovación y una competencia limpia. Maíllo es claro: su meta no es solo estar en la contienda, sino incidir realmente en la política andaluza. La incógnita es si lograrán convencer a quienes han perdido la confianza en los líderes anteriores.











