
Las discrepancias internas en Vox han alcanzado una nueva dimensión tras una votación inesperada y precipitada que resultó en la destitución de uno de los miembros más destacados del partido. Este hecho podría modificar la dinámica política en Madrid y abrir un debate sobre la transparencia y la democracia dentro de los partidos españoles.
Javier Ortega Smith, hasta hace poco integrante del Comité Ejecutivo Nacional (Comité Ejecutivo Nacional, CEN) y portavoz oficial de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, lanzó duras críticas contra la dirección del partido. En una carta dirigida a sus compañeros de comité, expresó su indignación por el hecho de que su exclusión fuera aprobada casi por unanimidad en menos de dos minutos. Según relató, no hubo debate y la decisión se tomó “con prisas y sin el más mínimo diálogo”.
Acusaciones y consecuencias
Ortega Smith sostiene que hace tiempo que no se aceptan opiniones alternativas en el partido y que cualquier intento de discusión es reprimido. Calificó al CEN como un “órgano decorativo” que ha perdido su función como espacio de debate y se ha convertido en una herramienta para la ratificación formal de las decisiones de la dirección. Según sus declaraciones, se utilizaron métodos de manipulación, tergiversación de la información e incluso ataques personales en redes sociales en su contra para desacreditar y eliminar a miembros incómodos.
A pesar de la presión, Ortega Smith declaró su intención de permanecer en el partido, continuar trabajando como miembro y mantener su puesto como portavoz oficial de Vox en el ayuntamiento de Madrid. También subrayó que no planea abandonar el parlamento nacional, donde ocupa un escaño como diputado.
Cronología de los cambios
La abrupta dimisión de Ortega Smith culminó una serie de pasos hacia su paulatina marginación de cargos clave. En noviembre, fue destituido como portavoz adjunto del partido en el Congreso, cediendo el puesto a Carlos H. Quero. En enero, perdió la presidencia de la Comisión de Justicia, rol que pasó a Juan José Aizcorbe.
En los últimos meses, Ortega Smith mostró crecientes desacuerdos con la dirección central. Asistió a actos públicos a los que el resto de los líderes no acudían y reclamó abiertamente que el partido escuchara más a la sociedad civil. Su presencia en la misa fúnebre por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) fue el detonante final de una sucesión de conflictos.
Desacuerdos internos
La tensión interna en Vox no se limita únicamente a conflictos personales. Ortega Smith también criticó la política exterior del partido, pidiendo que no se siguiera ciegamente el ejemplo de Donald Trump, a pesar del apoyo explícito de la dirección de Vox al ex presidente estadounidense. Su postura generó malestar entre la cúpula, que prefería una línea más firme y clara.
En la carta, Ortega Smith señala que su expulsión fue resultado de una campaña dirigida para eliminar a los disidentes. Afirma que la dirección utiliza la difamación y la presión en internet para destruir la reputación de quienes no comparten la postura oficial.
Reacciones y perspectivas
El escándalo por la dimisión de Ortega Smith ha generado una gran repercusión entre los miembros del partido y los observadores. Muchos se preguntan si este conflicto llevará a un mayor debilitamiento de Vox en Madrid y a nivel nacional. Algunos expertos consideran que este tipo de depuraciones internas podría aumentar el malestar en las filas del partido y provocar nuevas dimisiones.
Por ahora no está claro cuánto tiempo podrá Ortega Smith mantener su influencia en el municipio y el parlamento. Su determinación de permanecer en la política podría servir de ejemplo para otros miembros descontentos y aumentar la presión sobre la dirección de Vox para exigir mayor transparencia y democracia interna.
En los últimos años, los partidos españoles se enfrentan cada vez más a conflictos internos relacionados con luchas de poder y desacuerdos sobre cuestiones clave. Situaciones similares ya han provocado sonadas dimisiones y cambios dentro de otras fuerzas políticas del país. Cabe recordar el cisma que se produjo en 2024 en uno de los principales partidos tras la expulsión de varios miembros influyentes, lo que derivó en una evidente caída del apoyo electoral. En otros casos, las diferencias internas propiciaron la creación de nuevos movimientos políticos e incluso de facciones alternativas en el Parlamento. Estos hechos evidencian que la lucha interna puede acarrear consecuencias a largo plazo para todo el sistema político de España.












