
La política española vive una nueva escalada de tensiones: tras la detención de varias figuras clave del entorno de Pedro Sánchez, la oposición del Partido Popular (PP) afirma que el propio presidente del Gobierno acabará enfrentando un proceso penal. El foco está puesto en los ex altos cargos socialistas José Luis Ábalos, Santos Cerdán y el exasesor Koldo García, acusados de corrupción. Según el PP, si estas personas han acabado en prisión, Sánchez, como el “cuarto” en la cadena, corre el mismo destino.
En el seno del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) reina la inquietud, aunque no por el riesgo de una causa penal contra su líder. El principal peligro es el daño político que puede causar el escándalo. Ábalos, poco antes de ingresar en prisión, concedió varias entrevistas en las que abordó los detalles del caso, lo que ha aumentado la tensión entre los socialistas. En el partido admiten que el daño reputacional es enorme, pero no ven base legal para procesar a Sánchez.
Rastro de corrupción
A diferencia de las llamativas confesiones del ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, quien relató abiertamente los delitos cometidos dentro de su partido, Ábalos no admite culpa ni colabora con la justicia. Sus declaraciones se limitan a comentarios a la prensa y no a testimonios oficiales. Dentro del PSOE consideran que se trata únicamente de consecuencias políticas, y no de perspectivas judiciales para Sánchez.
Entre los representantes regionales y parlamentarios socialistas es prácticamente imposible encontrar a alguien que acuse abiertamente a Sánchez de conocer o aprobar las acciones de sus subordinados. Tampoco muchos creen en la existencia de una “caja B” o en una financiación ilegal dentro del partido. La versión más difundida es que los imputados pudieron utilizar fondos del partido para blanquear ingresos personales, emitiendo cheques y recibos falsos que nunca eran verificados.
Ambiente interno en el partido
Dentro del partido se ha instaurado un ambiente en el que no se hacen preguntas incómodas a la dirección. Si alguien del equipo, como Koldo García, presenta una factura para el reembolso de gastos, nadie sospecha nada. Sin embargo, fuera del círculo más cercano del presidente, a menudo se le reprocha la elección de sus colaboradores y que haya ignorado rumores sobre posibles irregularidades, especialmente en el caso de Ábalos.
Incluso los críticos de Sánchez dentro del PSOE no se apresuran a acusarlo de crear una “estructura mafiosa” o de organizar una financiación ilegal. Estas acusaciones solo provienen de la oposición. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en un reciente mitin en Madrid, volvió a hablar de la “vergüenza” para los socialistas y llamó a sus simpatizantes a no conformarse con lo que está ocurriendo.
Mitin en Madrid
Una multitudinaria manifestación organizada por el PP junto al Templo de Debod en Madrid reunió a decenas de miles de personas. Según diferentes estimaciones, la participación osciló entre 40.000 y 80.000 asistentes. Feijóo aprovechó la ocasión para lanzar duras críticas contra Sánchez y sus aliados, además de dirigirse a otros partidos parlamentarios instándolos a reconsiderar su apoyo al actual gobierno.
El líder del PP dedicó especial atención a Vox, recordándoles la necesidad de unidad frente a un adversario común. A los socialistas les planteó la pregunta de cuánto más ‘deshonor’ estaban dispuestos a soportar para mantenerse en el poder. Estas declaraciones generaron molestia entre los socialistas, pero hasta ahora no han provocado una rebelión interna contra Sánchez.
Reacción y consecuencias
La dirección del PSOE sigue de cerca la retórica de la oposición, en especial los intentos de Feijóo por influir en los partidos catalanes y vascos, de cuyos votos depende la mayoría parlamentaria. La cuestión de la corrupción y la responsabilidad del líder sigue siendo la principal herramienta de presión sobre el gobierno.
Pese a las declaraciones contundentes, entre los socialistas persiste la convicción de que no existen fundamentos legales para perseguir a Sánchez. Sin embargo, la crisis política y las divisiones internas en el partido se hacen cada vez más evidentes ante los escándalos y las acusaciones públicas.












