
A principios de la semana en Huesca, la policía detuvo a un joven de 24 años, residente de la ciudad, quien poco después de convertirse al islam atrajo la atención de las fuerzas del orden. El joven, que adoptó el nombre de Omar, trabajaba como guardia de seguridad, pero fuera de su horario laboral realizaba entrenamientos militares con réplicas de armas y mostraba interés por adquirir armas de fuego reales.
Durante el registro del piso donde vivía con sus padres, se incautaron dispositivos electrónicos, documentos de contenido extremista y chalecos tácticos similares a los utilizados por militares. La investigación determinó que el detenido estudiaba activamente materiales relacionados con corrientes radicales y mantenía contacto con personas de zonas de conflicto armado, incluida Siria.
Llamó especialmente la atención su actividad en internet: el joven participaba en foros temáticos, veía vídeos con escenas violentas y escuchaba canciones que glorificaban el extremismo. En sus mensajes expresaba apoyo a organizaciones prohibidas y manifestaba abiertamente su deseo de ir a zonas de combate.
La policía también descubrió que el detenido visitaba con regularidad zonas naturales para entrenar solo usando armas de aire comprimido, además de participar en actividades recreativas con réplicas de airsoft. Aunque trabajaba en el sector de la seguridad, no tenía permiso para posesión de armas de fuego, lo que no le impedía buscar formas de adquirirlas ilegalmente.
Aumento de detenciones por casos de radicalismo
Desde principios de año, en España ya se han registrado más de noventa detenciones de personas sospechosas de estar vinculadas a grupos extremistas. Si la tendencia continúa, a finales de año esta cifra podría superar el centenar, lo que supondría un récord en las dos últimas décadas. El refuerzo de la labor de los servicios de seguridad está relacionado con el agravamiento de la situación en Oriente Medio y el temor a posibles ataques en territorio nacional.
La operación llevada a cabo en Huesca forma parte de una campaña a gran escala destinada a detectar y frenar las actividades de individuos susceptibles de radicalización. Las autoridades señalan que las tecnologías modernas y los servicios de mensajería facilitan considerablemente la difusión de ideas extremistas y la captación de nuevos simpatizantes, lo que exige supervisión constante y una respuesta ágil.












