
A finales de abril de 2025, en uno de los centros comerciales de San Sebastián de los Reyes, se produjo un robo que sorprendió incluso a los investigadores más experimentados. En plena noche, cuando todo el barrio quedó sin electricidad, un desconocido irrumpió en una joyería y se llevó una colección de piezas valorada en más de un millón de euros.
Mientras los sistemas de seguridad estaban desactivados, el ladrón actuó con frialdad y precisión. No se limitó a forzar la puerta: entró por el techo del edificio, cortó cuidadosamente la impermeabilización, retiró varias placas y accedió a la galería técnica que conecta las tiendas. Desde allí, realizó varios agujeros para alcanzar el almacén de la joyería.
Solo contra el sistema
Contrariamente a lo esperado, el robo fue cometido por una sola persona. Más tarde se supo que el detenido era un ciudadano de Albania, ya conocido por la policía de varios países. Cambió de nombre y documentos en varias ocasiones para ocultar sus huellas, llegando a utilizar hasta cinco identidades distintas. Tanto en España como en el extranjero, era sospechoso de una serie de delitos similares.
Aquella noche, cuando la ciudad quedó a oscuras, las cerraduras electrónicas de los expositores resultaron inútiles. Usando un simple destornillador, el ladrón abrió todos los muebles de exhibición y guardó en una bolsa 2.200 joyas, entre ellas piezas de oro blanco y diamantes. Luego salió tranquilamente del edificio sin dejar ninguna pista para la seguridad.
Persecución y desenmascaramiento
La investigación se prolongó durante varios meses. Los investigadores lograron identificar el coche en el que el delincuente llegó y huyó del lugar de los hechos. El vehículo había sido adquirido en el mercado de segunda mano poco antes del robo y desapareció junto con su propietario al día siguiente del crimen: este cruzó la frontera y salió del país.
La policía siguió los movimientos del sospechoso, que cruzaba frecuentemente la frontera de España. En octubre de 2025, lograron detenerlo dentro del país. Durante el registro le encontraron casi 3.000 euros en efectivo y una de las joyas robadas, que llevaba colgada en el cuello. Las demás piezas siguen sin aparecer.
La investigación continúa
El tribunal envió inmediatamente al detenido a prisión. La investigación trata de averiguar dónde han acabado las demás joyas y si el delincuente actuó solo o tuvo cómplices. Por ahora, todo apunta a que actuó en solitario, aprovechando su experiencia y conocimiento de los puntos débiles de los sistemas de seguridad.
Este caso se ha convertido en uno de los robos más sonados de los últimos años en Madrid. Puso de manifiesto la vulnerabilidad incluso de los lugares más protegidos en situaciones de emergencia. La policía sigue buscando las joyas sustraídas y los propietarios de las tiendas refuerzan sus sistemas de seguridad para no convertirse en la próxima víctima.











