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El PSOE gallego supera un escándalo de acoso y se prepara para las elecciones municipales

¿Crisis interna o una oportunidad para renovar el partido

Los socialistas gallegos intentan recuperar la unidad tras un sonado escándalo. Sus líderes buscan equilibrar la lucha interna por el poder con el mantenimiento de sus posiciones. Se avecinan elecciones complicadas y nuevos desafíos

En Galicia, el Partido Socialista se vio envuelto en un escándalo de gran magnitud que casi provoca una grave crisis interna. Tras las acusaciones de acoso sexual contra el presidente de la Diputación de Lugo, José Tomé Roca, y la tardía reacción de la dirección, el comité del partido se reunió en Santiago de Compostela en un intento por retomar el control de la situación. El ambiente durante el encuentro fue tenso, aunque el conflicto abierto no llegó a materializarse.

Dentro del partido se temía un auténtico terremoto político, ya que el líder de los socialistas gallegos, José Ramón Gómez Besteiro, fue duramente criticado por la lentitud de su respuesta ante las acusaciones. Reconoció que estaba al tanto de la situación desde el otoño, aunque el escándalo no estalló públicamente hasta diciembre. Sin embargo, tras las fiestas navideñas, las tensiones se redujeron notablemente y la mayoría de los delegados optaron por no profundizar en las diferencias internas.

Calma antes de la tormenta

A la reunión del comité asistió poco más de la mitad de los delegados y alrededor de cuarenta tomaron la palabra. Los críticos reclamaron medidas más contundentes y transparencia, pero finalmente la mayoría respaldó la postura de la dirección. Besteiro, respondiendo a las críticas, lanzó una pregunta directa a sus opositores: «¿Y qué habríais hecho vosotros en mi lugar?»—sin obtener respuesta. Esto funcionó como una señal para dar por finalizado el debate sobre el escándalo.

Sin embargo, no todos estuvieron dispuestos a pasar por alto lo sucedido. La alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, instó al partido a no quedarse solo en consignas sobre igualdad, sino a actuar con coherencia. No obstante, incluso ella prefirió no agravar la división interna, consciente de que se avecinan elecciones complicadas y no existe una alternativa clara al actual líder.

Apuesta por la unidad

Finalmente, Besteiro logró asegurar el apoyo de figuras clave: el presidente de la provincia de A Coruña, Valentín González Formoso, y el delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco. El partido mostró públicamente una imagen de cohesión, aunque bajo la superficie persisten fisuras. Tras el mal resultado en las elecciones autonómicas de 2024, donde los socialistas obtuvieron solo 9 escaños en el Parlamento, cualquier conflicto interno podría costarles sus últimos bastiones en el mapa político regional.

El foco está puesto en las próximas elecciones municipales de 2027. Para el PSOE gallego, hoy es crucial mantener el control de grandes ciudades como A Coruña y Vigo, así como conservar su influencia en los consejos provinciales. En los últimos meses, varios municipios han cambiado de gobierno por mociones de censura, lo que ha acrecentado la tensión interna dentro del socialismo.

Nuevas caras y viejos barones

En un intento por renovar su imagen y mantener el control, el partido propuso como presidenta de la provincia de Lugo a la alcaldesa de Burela, Carmela López Moreno. Su candidatura ya cuenta con el visto bueno de la dirección central, y el respaldo de los nacionalistas del BNG permite a los socialistas conservar el poder en la provincia. Lugo es una de las regiones más complejas demográficamente, donde el envejecimiento y la fuga de población suponen retos adicionales para las autoridades locales.

Sin embargo, el ex presidente de la provincia, José Tomé, no piensa desaparecer. Pese a haber sido apartado de la actividad partidista, mantiene su acta de diputado y sigue al frente del ayuntamiento de Monforte, la segunda ciudad más poblada de Lugo. Tomé defiende su inocencia y califica las acusaciones de montaje, aumentando así la tensión en una situación ya de por sí complicada.

Posiciones perdidas

Una historia similar se vivió en Barbadás, donde el alcalde Xosé Carlos Valcárcel fue expulsado del partido tras ser acusado de acoso por una compañera. A pesar de ello, continúa gobernando la ciudad gracias a una ajustada mayoría en el pleno municipal. Este tipo de situaciones erosiona la confianza en el partido y da la impresión de que los problemas internos pesan más que los intereses de los votantes.

Todo esto ocurre en un contexto de lucha por la supervivencia: los socialistas en Galicia se encuentran en una situación en la que cualquier error podría costarles sus últimos bastiones. Las divisiones internas, los escándalos y los cambios en la dirección amenazan con hacerles perder el control de municipios y provincias clave.

Equilibrio al límite

El PSOE gallego se enfrenta a una difícil disyuntiva: mantener la unidad aparente ignorando los conflictos internos o arriesgarse y emprender una dolorosa renovación. Por ahora, el partido ha optado por la primera vía, confiando en que el tiempo cure heridas y permita conservar el poder al menos en el ámbito local. Sin embargo, queda en el aire cuánto tiempo podrán sostener este frágil equilibrio.

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