
En Madrid ha comenzado un proceso judicial que ya se califica como uno de los más insólitos de la historia reciente de España. En el banquillo de los acusados se encuentra nada menos que el fiscal general del país, una figura habitualmente relacionada con la acusación, no con la defensa. Ahora le toca a él defenderse ante sus propios colegas togados, lo que añade un matiz especialmente delicado a la situación.
Las acusaciones contra Álvaro García Ortiz están relacionadas con una supuesta evasión fiscal por cientos de miles de euros. El caso fue iniciado por un empresario que se enriqueció durante la pandemia y que también se ha visto envuelto en un escándalo fiscal. Como resultado, el fiscal general podría enfrentarse a hasta seis años de prisión. Esta historia ha provocado un gran revuelo en círculos políticos y entre juristas: algunos consideran el proceso motivado políticamente, mientras que otros lo ven necesario para mantener la confianza en las instituciones.
La situación se complica porque García Ortiz no presentó su dimisión, a pesar de la presión y las exigencias tanto de la oposición como de algunos aliados. Ha seguido ejerciendo sus funciones, asistiendo a actos oficiales y mostrando seguridad en su inocencia. Según él, abandonar el cargo crearía un peligroso precedente que, en el futuro, permitiría apartar a dirigentes incómodos mediante acusaciones similares.
Una trama personal con gran repercusión pública
En los últimos meses, la vida del fiscal se ha convertido en una sucesión de pruebas. En la capital debe estar atento: en las calles de Madrid se enfrenta a episodios de hostilidad e insultos, mientras que en su tierra natal, Galicia, puede permitirse relajarse y pasear por las playas. Cuenta con el apoyo de su familia, aunque la presión también afecta su vida personal: en una ocasión tuvo que hipotecar el piso de su esposa en Ourense para poder pagar la fianza impuesta por el juez.
Llamó especialmente la atención que García Ortiz rechazara contratar a un abogado famoso, confiando su defensa a los letrados del Estado. Además, se abstuvo de asistir a ciertos actos oficiales para evitar posibles conflictos de intereses, aunque en general trató de mantener una presencia pública activa. En el Senado, reconoció que su dimisión habría sido más sencilla, pero decidió permanecer en el cargo por principios.
Impacto en el sistema político y judicial
El proceso contra el fiscal general se ha convertido en una prueba decisiva para la democracia española. El debate social no se apaga: algunos interpretan los hechos como un intento de coaccionar la independencia judicial, mientras que otros lo ven como una muestra de que todos son iguales ante la ley. En cualquier caso, el caso ya ha pasado a la historia como uno de los más mediáticos y discutidos.
En las próximas semanas, toda la atención del país estará puesta en la sala del Tribunal Supremo. El desenlace de este caso puede influir no solo en el destino de una persona, sino también en la percepción de la justicia y la transparencia en las instituciones públicas españolas.












