
Las autoridades catalanas han tomado una decisión que ya ha provocado una gran polémica entre residentes y visitantes. A partir de 2029, los turistas que se alojen en hoteles de cinco estrellas en Barcelona deberán pagar 15 euros por noche y por persona. Para una familia de cuatro, una semana de vacaciones supondrá un gasto extra de 420 euros solo en tasas. No se trata solo de un ajuste de tarifas, sino de una auténtica revolución en la gestión del turismo.
Las autoridades explican que el nuevo sistema de recaudación permitirá redistribuir los ingresos del turismo para cubrir necesidades de la ciudad y la región. Un cuarto de todos los fondos se destinará a programas de acceso a la vivienda y el resto irá a un fondo especial de apoyo al turismo. La mitad de los ingresos recaudados permanecerá en el propio municipio donde se haya cobrado la tasa, y otro cuarto quedará bajo control del Gobierno de Cataluña para desarrollar infraestructuras turísticas.
Detalles de la reforma
La reforma afectará no solo a Barcelona, sino a toda Cataluña. Sin embargo, será la capital regional la que tenga el umbral fiscal más alto. En otras ciudades, los hoteles de cinco estrellas cobrarán 4,50 euros por persona y noche, y a partir de 2027 la tarifa subirá a 6 euros. Los hoteles con menos estrellas también verán incrementadas sus tasas, pero de forma menos significativa: pasarán de 1,80 a 2,40 euros por noche en 2027.
En Barcelona, además del impuesto principal, el ayuntamiento podrá ir aumentando progresivamente su propia tasa: de los actuales 4 euros hasta 8 euros en 2029. Como resultado, la tarifa total para los visitantes de la capital será de 10 a 15 euros por noche. Para quienes buscan lujo, alojarse en Barcelona será considerablemente más caro.
A quién beneficia
Resulta interesante que el 25% de toda la recaudación del impuesto se destinará a abordar los problemas de vivienda. No es un simple trámite: en los últimos años Barcelona sufre la falta de vivienda asequible y el flujo turístico solo agrava la situación. El 75% restante se invertirá en el desarrollo turístico, una medida que, según las autoridades, hará que el turismo en la región sea más sostenible y provechoso para los residentes locales.
Los municipios con bajos ingresos turísticos podrán transferir su parte del impuesto al fondo de la comarca (Consell Comarcal), para que los recursos se utilicen de manera más eficiente. Según los autores de la reforma, este enfoque permitirá apoyar incluso a los pueblos y aldeas más pequeños, donde el turismo es mucho menos frecuente.
Reacciones y polémica
No faltaron las críticas. Representantes de la oposición ya han calificado la iniciativa como un ‘golpe al turismo’ y han acusado a los socialistas de conspirar con partidos que, supuestamente, frenan el desarrollo de uno de los sectores clave de la economía catalana. Sin embargo, los defensores de la reforma insisten en que deben ser los turistas quienes compensen los costes que su presencia genera en la ciudad, desde el incremento de precios de la vivienda hasta la saturación de la infraestructura.
Se prestó especial atención a los cruceros. Para los pasajeros que permanezcan en Barcelona menos de 12 horas, el impuesto será de 6 euros por noche. En el caso de los hoteles con salas de juego, la tasa aumentará hasta 10 euros más el impuesto municipal, lo que suma un récord de 18 euros por noche.
Qué viene ahora
La entrada en vigor de las nuevas tarifas está prevista para abril, mientras que la aprobación definitiva será en febrero. Hace un año, un intento de reformar la ley fracasó por desacuerdos entre partidos, pero ahora se ha alcanzado un compromiso. Las autoridades destacan que el impuesto no lo pagan los empresarios, sino los visitantes, y que este dinero se reinvertirá en nuevos parques, carreteras y programas sociales.
Sin embargo, no todos confían en la eficacia de este sistema. Algunos temen que el aumento de impuestos ahuyente a los turistas, especialmente a las familias, y afecte a las pequeñas empresas. Otros creen que es la única forma de enfrentar las consecuencias negativas del turismo masivo. En cualquier caso, Barcelona y Cataluña apuestan por la calidad y no por la cantidad de visitantes. Y parece que están dispuestos a arriesgarse por el futuro.












