
En Cataluña se prepara una subasta inusual: las autoridades regionales han anunciado la venta de una empresa dedicada a la producción de canelones, que pasó a manos de la administración tras el fallecimiento de su propietaria sin testamento. Es la primera vez que el gobierno regional hereda un negocio en funcionamiento, y no solo inmuebles o activos financieros.
La historia comenzó en 2019, cuando falleció Manela Marimón. La mujer no dejó testamento y su último deseo—donar sus bienes al hospital infantil Sant Joan de Déu—no pudo llevarse a cabo. La institución rechazó una herencia tan específica, por lo que, según la ley, todo pasó a ser propiedad del gobierno de Cataluña.
En la herencia se incluía no solo la propia fábrica, sino también acciones de la empresa alimentaria Federación de Alimentos SA (FADAIC), un molino en Huesca, un piso en Ripollet (Barcelona) y una plaza de aparcamiento. Sin embargo, la mayor atención la acaparó la planta de producción de canelones.
El primer intento de subastar la fábrica en el verano de 2024 fracasó: el único participante no pudo cumplir las condiciones, que incluían la obligación de mantener el empleo al menos durante un año. Ahora las autoridades han rebajado el precio de salida casi un 23%, hasta los 228.306 euros, con la esperanza de atraer nuevos inversores del sector alimentario.
Cómo será la subasta y en qué se usarán los fondos
Se espera que los detalles de la subasta se publiquen próximamente en los canales oficiales del gobierno. Según la ley, todos los ingresos obtenidos de la venta de este y otros bienes deben destinarse a programas sociales, de vivienda, culturales y de beneficencia de la región.
La legislación catalana obliga a la administración a hacerse cargo de los bienes de las personas fallecidas sin testamento y sin herederos hasta el cuarto grado. Estos casos son poco frecuentes, y la adquisición de toda una empresa es un hecho excepcional para la región.
El futuro de la fábrica depende ahora del interés de posibles compradores. Las autoridades confían en que el precio reducido y el compromiso de mantener los puestos de trabajo permitan conservar la producción y el empleo, y que los fondos recaudados beneficien a la sociedad.












