
La mañana del domingo en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, comenzó con caos: los empleados de seguridad de la empresa Trablisa iniciaron una huelga indefinida. Sus reivindicaciones incluyen un aumento salarial, la introducción de un complemento especial por trabajar en la capital y compensaciones por la alta carga de trabajo en el mayor nodo aéreo del país.
Desde la apertura de las terminales quedó claro que la situación se estaba descontrolando. Las colas en los accesos a los controles de seguridad se extendieron durante decenas de metros y los tiempos de espera aumentaron considerablemente. Los problemas afectaron no solo a los puntos de control estándar, sino también a las zonas para pasajeros con acceso prioritario. Como resultado, muchos viajeros quedaron atrapados: algunos perdieron sus vuelos y otros se vieron obligados a esperar más de una hora en la fila.
La situación fue especialmente grave en la terminal T4, donde habitualmente el control de seguridad no lleva más de diez minutos. Sin embargo, hoy los pasajeros se quejaban de tiempos de espera superiores a una hora y media. Algunos ni siquiera lograron embarcar debido al prolongado procedimiento de control.
Las autoridades regionales decidieron imponer un servicio mínimo del cien por cien para evitar riesgos de seguridad. Sin embargo, ni siquiera esa medida evitó la aglomeración masiva en los accesos. La administración aeroportuaria intentó aliviar la situación reforzando al personal auxiliar en los puntos clave, como las entradas desde el metro y las zonas comunes. Los pasajeros fueron redirigidos a otras terminales para intentar descongestionar los flujos principales.
Mientras la empresa y los empleados no lleguen a un acuerdo, las colas y los retrasos, al parecer, no desaparecerán. Se recomienda a los viajeros prever tiempo adicional para los controles y estar preparados para posibles inconvenientes.












