
El jueves, una ola de protestas recorrió toda España tras la interceptación de barcos que se dirigían a las costas de Gaza. A bordo viajaban 65 ciudadanos españoles, entre ellos la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau. La operación militar israelí desató movilizaciones masivas que unieron a personas de diferentes edades y opiniones.
En Madrid, las plazas centrales y calles aledañas se llenaron de miles de manifestantes. Según las autoridades, solo en la capital se concentraron unas 10.000 personas. Jóvenes, representantes de movimientos políticos y ciudadanos comprometidos portaban banderas de Palestina, símbolos de partidos de izquierda y coreaban consignas contra las acciones de Israel. Entre los asistentes se encontraban políticos conocidos, así como jubilados y estudiantes. El ambiente era tenso, pero energético: se escuchaban llamados a sanciones, acusaciones contra el gobierno israelí y exigencias para poner fin a la violencia.
La marcha comenzó frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, avanzó por el centro de la ciudad y concluyó ante el Congreso de los Diputados. Allí, los manifestantes leyeron un comunicado en el que condenaban la interceptación de los barcos y exigían el respeto al embargo de armas. Al final de la protesta, la multitud coreó consignas contra políticos locales acusados de apoyar a Israel y entonó un grito tradicional árabe. Más tarde, la policía dispersó a los reunidos en la Plaza de Neptuno y detuvo a un hombre por alterar el orden y resistirse.
En otras ciudades del país, como Barcelona, Bilbao, Valencia y Pamplona, también se llevaron a cabo manifestaciones masivas. En Barcelona, desde donde partía la flotilla, unas 15.000 personas salieron a las calles y bloquearon una de las principales arterias. En el País Vasco se corearon consignas en euskera, mientras que en Pamplona y Santander los manifestantes cortaron carreteras para expresar su descontento por la detención de activistas. En algunos casos, la policía detuvo a participantes por disturbios y agresión a agentes de las fuerzas de seguridad.
La jornada concluyó con numerosos debates en redes sociales y llamamientos a nuevas movilizaciones. La sociedad española volvió a demostrar su implicación en asuntos internacionales y su disposición a salir a la calle en solidaridad con quienes se encuentran en zonas de conflicto.












