
En el refugio de Bando (Santiago de Compostela) se ha desatado una polémica tras la eutanasia de un joven perro llamado Gosu, una decisión tomada por el consejo de administración. El animal, catalogado como de manejo especial, permaneció casi un año en el refugio antes de que se resolviera su destino. El caso ha generado una fuerte reacción entre los defensores de los animales, quienes consideran que no se agotaron todas las vías posibles de rehabilitación.
Gosu, anteriormente conocido como Dodo, llegó al refugio tras ser encontrado en la calle a finales de 2024. El perro fue entregado a una persona que no pudo acreditar su propiedad, ya que el animal no tenía microchip. En septiembre de 2025 ocurrió un incidente: el perro mordió a un conocido de esa persona y, a raíz de ello, fue trasladado al área de aislamiento del refugio. Durante su estancia en Bando, Gosu atacó en dos ocasiones a empleados del centro; uno de los casos requirió asistencia médica para la persona afectada.
El consejo de administración del refugio evaluó el destino de tres perros considerados potencialmente peligrosos. A dos de ellos se les dio la oportunidad de rehabilitación, pero el veredicto sobre Gosu fue negativo: los especialistas en conducta animal y veterinarios concluyeron que no era posible mantenerlo en condiciones de seguridad. A pesar de los intentos de una organización protectora de animales por transferir al perro a un adiestrador privado, la decisión de la eutanasia se tomó y ejecutó apenas unas horas antes de una posible transferencia.
Reacción social y nuevas exigencias
Tras la muerte de Gosu, activistas organizaron una protesta frente a las puertas del refugio y crearon una plataforma especial para llamar la atención sobre el problema. Exigen revisar las normas de trato hacia animales en situación complicada y reclaman una investigación independiente, incluyendo análisis de ADN y autopsia. A su juicio, en el caso de Gosu no se agotaron todas las alternativas legales posibles y la decisión sobre su destino se tomó sin contemplar adecuadamente las opciones de rehabilitación.
En el refugio señalan que no cuentan con los recursos suficientes para trabajar de forma individualizada con este tipo de animales. La financiación proviene principalmente del presupuesto municipal y el equipo de especialistas es limitado. Según explican, la decisión final siempre se basa en informes profesionales y no en preferencias personales de los miembros del consejo.
Posibles consecuencias para el sistema de refugios
El escándalo por la muerte de Gosu podría ser un punto de inflexión para revisar todo el sistema de gestión de animales problemáticos en refugios de Galicia y otras regiones. Los defensores de los derechos animales ya preparan demandas judiciales para esclarecer quién y bajo qué criterios autorizó la eutanasia. Insisten en la necesidad de crear nuevos protocolos que permitan dar oportunidades incluso en los casos más complejos, si existe posibilidad de rehabilitación.
La historia de Gosu ha generado un amplio debate sobre el equilibrio entre la seguridad pública y los derechos de los animales. En los próximos meses, se prevé que el caso sea revisado por el tribunal y que puedan producirse cambios en la legislación regional que regula el funcionamiento de los refugios y el manejo de animales potencialmente peligrosos.












