
En los últimos años, en España se ha ampliado notablemente la brecha de conocimientos básicos entre las generaciones jóvenes y sus pares de otros países desarrollados. Un nuevo estudio realizado en 2025 reveló que, si antes los graduados españoles se mantenían aproximadamente al mismo nivel que el resto de los países de la OCDE, ahora el rezago es tres veces mayor que el de sus padres.
Esto se observa especialmente en matemáticas y en competencia lingüística. Las personas que actualmente tienen entre 55 y 65 años solo tienen una diferencia de 6 puntos respecto a sus coetáneos de otros países en matemáticas. Sin embargo, entre los jóvenes, la brecha ya es de casi 19 puntos. Así, los escolares y estudiantes españoles actuales están tres veces más rezagados frente a los estándares internacionales que sus padres.
El análisis incluyó datos de adultos de entre 16 y 65 años. España figura entre los países en los que los avances en habilidades educativas han sido mínimos en las últimas décadas. En comprensión lectora, matemáticas y resolución de problemas, los españoles ocupan de manera constante los últimos lugares entre los países de la OCDE. Por ejemplo, en lectura, la media española es de 247 puntos, frente a los 260 de media de la OCDE. En matemáticas, 250 frente a 263. En resolución de problemas, 241 frente a 251.
Curiosamente, los representantes de la generación del baby boom, si se les compara con sus coetáneos de otros países con el mismo nivel educativo, incluso los superaban ligeramente en matemáticas. Sin embargo, los jóvenes españoles presentan una situación opuesta: con los mismos años de estudio, muestran peores resultados que sus pares de otros países de la OCDE. Esto indica que la calidad de la educación en España no solo no ha mejorado en las últimas décadas, sino que ha quedado por detrás de los estándares internacionales.
Los expertos relacionan el aumento de la brecha con la calidad de la formación y no con la cantidad de años pasados en las aulas. El acceso a la educación está prácticamente garantizado en el país, pero una parte significativa de la juventud no supera el nivel básico. España lidera en Europa en la proporción de jóvenes sin educación secundaria. Al mismo tiempo, el número de estudiantes en universidades y centros superiores se ha multiplicado, pero esto no ha supuesto un aumento de competencias.
El informe señala que la situación también se ve afectada por la formación del profesorado y la ausencia de una política educativa unificada. En las últimas décadas, España ha experimentado numerosas reformas, pero ninguna ha producido resultados sostenibles. En otros países, como Finlandia, una política educativa coherente ha permitido alcanzar mejores resultados.
Otro problema es el escaso interés de los futuros docentes por las matemáticas y la lectura. Muchos eligen la profesión de maestro sin contar con una nota alta en las asignaturas clave. Esto repercute en el nivel general de formación de los alumnos. Además, en las escuelas españolas suelen registrarse problemas de disciplina, lo que también dificulta el proceso educativo.
Los autores del estudio consideran que para superar la crisis es necesario no solo modernizar la formación profesional, sino también elevar los requisitos para los futuros profesores. Asimismo, es fundamental reducir la tasa de abandono escolar temprano, que en España sigue siendo superior a la media de la UE. Solo un conjunto de medidas integrales puede ayudar a España a reducir el retraso y devolver la competitividad internacional a sus egresados.












