
En España aumenta la tensión entre el gobierno central y las regiones. El periodista y corresponsal de un importante medio en Valencia, Salvador Enguix, aborda en su nuevo libro una cuestión que lleva tiempo flotando en el ambiente: por qué los territorios periféricos del país quedan cada vez más a la sombra, mientras Madrid sigue reforzando su hegemonía. Según él, la capital no solo concentra el poder político y económico, sino que prácticamente absorbe todos los recursos, dejando a las autonomías solo las migajas. Esta situación, según el autor, no solo empobrece a las regiones, sino que también pone en riesgo la estabilidad de todo el país.
Enguix sostiene que, si España realmente quiere conservar su integridad y avanzar, debe abandonar el modelo tradicional en el que todos los caminos llevan a Madrid. Propone avanzar hacia un sistema federalista donde el poder y las decisiones se repartan entre diversos centros y no se concentren en uno solo. Solo así, considera el periodista, las regiones podrán impulsar sus propias iniciativas y dejar de ser rehenes de una política centralizadora.
Oportunidades perdidas
El autor del libro no oculta su decepción: aunque la Constitución de 1978 (Constitución de 1978) en un inicio preveía un enfoque federalista, en la práctica todo tomó otro rumbo. En los últimos años, según él, se observa una clara tendencia hacia una centralización inaceptable. Madrid se convierte no solo en el centro administrativo, sino en una especie de «caja negra» donde confluyen los hilos del poder, las finanzas e incluso los flujos de información.
Este problema se siente con especial intensidad en la Comunitat Valenciana. Aquí, como apunta Enguix, las autoridades locales cada vez se enfrentan más a la imposibilidad de desarrollar una política propia por falta de financiación. Sin una distribución justa de los recursos, las regiones pierden no solo autonomía económica, sino también peso político. Como resultado, según el periodista, las autonomías pasan a ser meros figurantes en lugar de verdaderos actores en el proceso estatal.
La batalla por la justicia
El libro analiza en detalle por qué los intentos de pactar un nuevo mecanismo de financiación autonómica acaban siempre encallando. La razón es la falta de unidad entre las propias regiones y la ausencia de una posición común. Cada una defiende sus propios intereses, mientras que los grandes partidos utilizan la situación en su beneficio, sin aportar soluciones reales. Enguix lanza duras críticas a los políticos que prefieren guardar silencio o limitarse a generalidades, en lugar de defender los derechos de sus electores.
El periodista subraya que, si no se modifica el enfoque, regiones como Valencia corren el riesgo de quedar para siempre bajo el control del centro. Llama a una participación activa no solo de los políticos, sino también del sector empresarial y la sociedad civil. Según él, solo una presión conjunta puede desbloquear la situación y lograr una distribución justa de los recursos.
El federalismo como solución
Como posible salida, Enguix propone volver a las ideas recogidas en la Constitución y desarrollar mecanismos federales. Entre ellos, destaca la creación de un Senado eficaz que represente realmente los intereses de los territorios y disponga de competencias efectivas, y no sea solo una estructura formal. Además, insiste en la necesidad de celebrar encuentros periódicos entre los líderes regionales y el gobierno central para debatir y resolver conjuntamente las cuestiones clave.
Sin embargo, el propio autor reconoce que, por ahora, no existe voluntad política para llevar a cabo estos cambios. Los que detentan el poder no tienen prisa por compartir competencias y las regiones siguen perdiendo influencia. En este contexto, según Enguix, el silencio se vuelve peligroso, ya que sin diálogo abierto y pasos reales hacia adelante, España corre el riesgo de enfrentarse a una crisis de confianza aún más profunda entre el centro y las regiones.











