
La tarde del jueves, un incidente en la base militar Álvarez de Sotomayor, en Viator (provincia de Almería), volvió a poner en el foco la seguridad de las maniobras militares. Un joven legionario de apenas 20 años se vio envuelto en una explosión mientras realizaba ejercicios prácticos. Como resultado, sufrió graves heridas en ambas manos. Pese a su delicado estado, el propio afectado logró solicitar ayuda.
Según los primeros informes, la explosión ocurrió mientras el militar manipulaba equipamiento, al parecer un asta y un cordón detonante. La onda expansiva causó daños severos en sus manos. Fue trasladado de inmediato al Hospital Universitario Torrecárdenas de Almería, donde recibió atención médica. Los médicos apuntan que su vida no corre peligro, aunque aún no se ha especificado la gravedad exacta de las lesiones.
El incidente se produjo en un contexto especial para la base: tan solo unas horas antes, la ministra de Defensa, Margarita Robles, había visitado las instalaciones. Su visita estuvo motivada por recientes sucesos trágicos en ese mismo campo de maniobras. A finales de octubre, falleció aquí el soldado Daniel Ruiz Mateo y su compañero Alejandro Carvajal Povedano resultó gravemente herido y sigue hospitalizado. La ministra aprovechó su visita para saludar personalmente al militar herido en la clínica.
Respuesta militar y exigencias al Estado
Inmediatamente después del incidente, representantes de organizaciones militares volvieron a plantear la necesidad de reconocer la profesión militar como una ocupación de alto riesgo. Según ellos, incidentes de este tipo demuestran claramente los peligros a los que se enfrentan los militares a diario, especialmente al manejar explosivos y armas. Las asociaciones señalan que la falta de un estatus oficial como “profesión de riesgo” conduce a la insuficiente atención por parte de las autoridades y, como consecuencia, a una protección inadecuada de los derechos e intereses del personal militar.
En la declaración de los militares se subraya que los incidentes recurrentes en campos de tiro y bases militares no son casualidad, sino resultado del contacto permanente con materiales peligrosos. Exigen a las autoridades no solo el reconocimiento de las particularidades del servicio, sino también una mejora de las condiciones laborales y la concesión de garantías adicionales para quienes arriesgan su salud y su vida cada día.
Historial de incidentes en la base de Viator
La base Álvarez de Sotomayor, en Viator, ha sido escenario de varios hechos trágicos en los últimos meses. En octubre, un incidente mortal se cobró la vida de un soldado y dejó a otro gravemente herido. Estos sucesos provocaron un amplio debate público y han abierto la discusión sobre la necesidad de reforzar las medidas de seguridad en las instalaciones militares del país.
En esta ocasión, a pesar de la gravedad del incidente, se lograron evitar consecuencias fatales. Sin embargo, la recurrencia de accidentes en la misma instalación plantea interrogantes sobre la organización del proceso de formación y el cumplimiento de las medidas de seguridad. Familiares y compañeros de las víctimas manifiestan su preocupación y exigen una investigación exhaustiva de lo sucedido.
Atención gubernamental al problema
La visita de la ministra de Defensa a Almería y su encuentro con los militares heridos subrayan la importancia que el asunto tiene para el liderazgo del país. Las autoridades prometen realizar un análisis detallado de la situación y tomar medidas para evitar que estos hechos se repitan en el futuro. El debate sobre el reconocimiento del servicio militar como una profesión de riesgo vuelve a estar en el centro de la atención pública y política.
Por ahora, el joven legionario continúa su recuperación en el hospital, mientras sus compañeros y las asociaciones militares esperan los resultados y decisiones oficiales de la investigación. El incidente en Almería recuerda una vez más los riesgos que enfrentan los militares españoles incluso en tiempos de paz.











