
La flotilla española que se dirige hacia las costas de Gaza con un cargamento de ayuda humanitaria se encontró en el epicentro de una situación tensa. Faltaban poco más de doscientos kilómetros para llegar al territorio palestino cuando las tripulaciones detectaron un aumento repentino de la actividad de drones militares y maniobras sospechosas por parte de barcos militares israelíes. Tras un mes de travesía desde Barcelona, parte de los buques ya había abandonado la misión, pero la mayoría continúa adelante a pesar de los evidentes riesgos.
Durante la noche del miércoles, el ambiente a bordo se volvió especialmente inquietante. Los responsables de la operación alertaron a las tripulaciones sobre un posible intento de interceptación. Las cámaras de vigilancia en varios barcos dejaron de funcionar repentinamente y las tripulaciones comenzaron a prepararse para un eventual encuentro con militares. Al amanecer, uno de los buques israelíes se acercó a la flotilla, lo que obligó a los participantes a activar el protocolo de seguridad. Muchos se apresuraron a deshacerse de sus teléfonos móviles arrojándolos al mar para evitar que cayeran en manos ajenas.
Pronto se produjo el primer enfrentamiento directo: los militares israelíes rodearon la nave principal y cortaron completamente sus comunicaciones durante varios minutos. El capitán tuvo que realizar una maniobra brusca para evitar la colisión. Después de esto, el buque militar centró su atención en otra embarcación, repitiendo las mismas acciones durante más tiempo. Durante toda la noche, las tripulaciones detectaron la presencia de otros barcos militares en las cercanías. Ahora, los participantes de la misión esperan que la tensión pueda aumentar de nuevo en las próximas horas y tratan de aprovechar cualquier oportunidad para descansar y prepararse.
El gobierno español reiteró anoche su recomendación a los participantes de la misión de que detuvieran su avance hacia la Franja de Gaza. El buque militar Furor, enviado en apoyo, no recibió permiso para entrar en la zona que el ejército israelí ha declarado cerrada. El barco italiano tampoco puede intervenir. Las autoridades insisten en que valoran la iniciativa humanitaria, pero consideran que la seguridad de las personas es prioritaria. A pesar de ello, la flotilla no ha cambiado de rumbo.
Los buques militares que acompañan a la misión tienen limitadas sus funciones y no podrán intervenir en caso de ataque o interceptación; su tarea es solo rescatar personas en situaciones de emergencia. Crece la incertidumbre entre los participantes: ¿para qué entonces enviar escolta si no puede proteger?
Las autoridades israelíes siguen sosteniendo que los barcos podrían estar vinculados al grupo palestino Hamás y exigen que la ayuda humanitaria sea entregada a través de un puerto bajo su control. Los organizadores de la misión no están de acuerdo: según ellos, decenas de camiones con ayuda llevan semanas esperando en la frontera y la parte israelí no les permite entrar en Gaza. Por eso, no confían en las promesas de una entrega «pacífica» de la ayuda.












