
En España, el problema del pago de los servicios públicos se agrava para quienes viven de alquiler. Según los últimos datos, casi un tercio de los inquilinos no puede mantener una temperatura confortable en casa durante el invierno. Detrás de estas cifras hay historias reales de familias que deben elegir entre pagar las facturas y cubrir otras necesidades básicas.
En 2024, según estimaciones de expertos, más de 8,5 millones de residentes del país reconocieron que no pueden permitirse mantener el hogar caliente en invierno. Aunque este dato ha bajado ligeramente respecto al año pasado, el problema sigue siendo de gran magnitud. Casi 5 millones de personas retrasan habitualmente el pago de las facturas de luz y gas, lo que pone de manifiesto el carácter estructural de la pobreza energética.
Inquilinos en el punto de mira: ¿por qué ellos?
Los expertos subrayan que los inquilinos sufren la pobreza energética con mucha más frecuencia que los propietarios de viviendas. Mientras que entre todos los hogares la proporción de quienes no logran calentarse en invierno ronda el 18%, entre los arrendatarios esta cifra alcanza el 30%. La explicación es sencilla: los ingresos de estas familias a menudo no bastan para cubrir el incremento de los gastos en electricidad y calefacción.
Además, más del 13% de los inquilinos se encuentran en la llamada ‘pobreza oculta’: se ven obligados a ahorrar en iluminación, calefacción e incluso en refrigeración durante el verano. Es un 4% más que la media nacional. Para muchas familias, estas limitaciones se han convertido en la norma, no en la excepción.
Pobreza oculta y diferencias regionales
El problema de la pobreza energética no se distribuye de manera uniforme en el país. Especialmente difícil es la situación para los residentes de Extremadura y Andalucía, donde la proporción de familias que tienen dificultades para pagar los servicios públicos alcanza el 27% y el 14% respectivamente. Aquí influyen no solo los niveles de ingresos, sino también la baja eficiencia energética de los edificios, lo que hace que la calefacción sea especialmente costosa.
En el conjunto de España, casi uno de cada cuatro hogares se enfrenta a la llamada “pobreza invisible”: las personas se ven obligadas a recortar incluso en comodidades básicas para no sobrepasar su presupuesto. Aunque la situación ha mejorado ligeramente en comparación con años anteriores, los expertos advierten que no es momento de relajarse.
Dinámica del gasto y papel de las ayudas sociales
Resulta llamativo que, a pesar del aumento de los ingresos y la reducción del gasto medio en energía, el 16,5% de las familias destinan a los servicios públicos más del doble del valor mediano nacional. Esto revela que, para una parte significativa de la población, las facturas de luz y gas siguen siendo inasumibles.
Al mismo tiempo, el indicador basado en el estándar mínimo de ingresos aumentó hasta el 15%. Esto significa que, incluso con un incremento formal de los salarios, muchas familias no perciben una mejora real en su situación. La brecha entre los gastos reales y el mínimo necesario para una vida cómoda en 2024 fue de 150 euros, un 12% menos que el año anterior, pero sigue siendo considerable.
Barreras y ayudas: ¿basta con el “bono social”?
Los investigadores subrayan que, sin el apoyo estatal, la situación sería aún peor. El llamado «bono social» ayuda a millones de familias a afrontar el pago de las facturas, aunque no resuelve completamente el problema. Más de la mitad de los beneficiarios de esta ayuda son inquilinos, y su número ha aumentado un 8% en el último año.
Sin embargo, el acceso a esta ayuda sigue siendo limitado: muchas familias se enfrentan a dificultades burocráticas a la hora de tramitar la documentación. Los expertos consideran que, sin nuevas reformas y un aumento de la eficiencia energética de la vivienda, la pobreza energética continuará siendo uno de los principales problemas sociales del país.
Por si no lo sabías, la Universidad Pontificia Comillas (Universidad Pontificia Comillas) es uno de los principales centros de investigación de España en materia de energía y políticas sociales. Sus especialistas publican regularmente informes de análisis que sirven de base para el debate a nivel estatal. Gracias a su trabajo, el problema de la pobreza energética está recibiendo cada vez más atención en el país, y las propuestas para solucionarlo se debaten no solo entre expertos, sino también entre legisladores.












