
En la capital de España estalla un escándalo en torno a presuntas irregularidades fiscales relacionadas con Alberto González Amador, quien mantiene una relación con una destacada figura política. El caso cobró relevancia gracias a una inspectora de Hacienda, que inició la investigación en la primavera de 2022. Su labor concluyó con un informe detallado que sirvió de base para acusaciones de fraude y uso de facturas falsas.
Durante casi dos años, la inspectora analizó minuciosamente las declaraciones fiscales de dos empresas de consultoría médica propiedad de Amador. La revisión abarcó los ejercicios fiscales de 2020 y 2021. Como resultado de la auditoría, se descubrió que la cantidad de impuestos no pagados superaba los 350.000 euros, y que el esquema se basaba en la manipulación deliberada de datos mediante documentos falsificados.
El informe, de casi doscientas páginas, describe detalladamente quince facturas consideradas ficticias. Fueron emitidas por cuatro empresarios diferentes y el valor total ascendía a 1,7 millones de euros. Estos documentos permitieron reducir significativamente la base imponible y minimizar los pagos al fisco. La inspectora destacó que algunas de las empresas involucradas en la trama no tenían empleados ni oficinas reales, y sus domicilios fiscales coincidían con viviendas particulares.
Particular sospecha generaron las operaciones con la empresa Maxwell Cremona: en 2020, sus ingresos aumentaron bruscamente hasta los 2,3 millones de euros, mientras que las contribuciones fiscales, por el contrario, disminuyeron. Además, se detectaron transferencias de grandes sumas a cuentas, seguidas de rápidas retiradas de efectivo, una práctica típica para ocultar el rastro de actividades ilegales.
También llamaron la atención las facturas emitidas por un ciudadano de México y una empresa de Costa de Marfil. Según se pudo comprobar, estos documentos o bien no respaldaban transacciones reales, o bien eran presupuestos previos no sustentados por ninguna actividad, a pesar de las negociaciones y reuniones formales.
En marzo de 2024, la inspectora ofreció una declaración detallada ante el tribunal de Madrid, donde la investigación lleva un año en curso. Poco después, la jueza imputó a Amador por dos delitos de fraude fiscal y uno de falsificación de documentos mercantiles. La fiscalía pide para él casi cuatro años de prisión, aunque la defensa intenta recurrir esta decisión ante una instancia superior.
Durante las audiencias, la inspectora confirmó que se trata de dos delitos contra el sistema tributario cometidos mediante el uso de facturas falsas para reducir los pagos obligatorios en 2020 y 2021. El caso sigue ganando relevancia y la atención pública no disminuye, ya que en el centro de los acontecimientos están figuras vinculadas a los más altos niveles del poder regional.












