
A principios de semana, Jordi Pujol, de 95 años, apareció en una videollamada desde su piso en Barcelona. Su participación en la audiencia de la Audiencia Nacional se convirtió en uno de los momentos más comentados del proceso por el origen de la fortuna familiar. A pesar de los informes médicos que señalan que el ex presidente de Cataluña no está en condiciones de defenderse plenamente, el tribunal decidió no suspender el procedimiento. Esto provocó una fuerte reacción entre los independentistas catalanes: representantes de Junts y el presidente del Parlament, Josep Rull, criticaron duramente la decisión judicial.
A Pujol se le permitió no asistir a todas las sesiones; solo tendrá que comparecer cuando sea citado a declarar, lo cual está previsto para la primavera de 2026. Los jueces se reservaron el derecho de revisar su estado de salud más cerca de esa fecha. Por el momento, el proceso sigue adelante, pese a las protestas de la familia y de varios políticos.
La edad no es motivo de exención
En España, los casos en los que acusados de más de 90 años se sientan en el banquillo son poco habituales, pero no únicos. Pujol no es el procesado de mayor edad en la historia del país. El año pasado, en Cuenca, fue juzgado un hombre de 97 años que intentó matar a su esposa con un martillo. A pesar de su avanzada edad, el tribunal lo condenó a 11 años y 3 meses de prisión, y rechazó imponer medidas de supervisión adicionales tras su salida —en ese momento, el hombre podría haber cumplido ya 108 años.
La legislación española no prevé la exención automática de responsabilidad penal al alcanzar una determinada edad. Según explican los expertos, la edad solo se tiene en cuenta en el cumplimiento de la condena: los reclusos mayores de 70 años pueden optar a una libertad condicional anticipada. A mediados de 2025, en las cárceles españolas había tres hombres mayores de 90 años, así como decenas de presos con edades entre 71 y 90 años.
Acusados de edad avanzada: estadísticas y excepciones
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de condenados mayores de 70 años en España se ha cuadruplicado en la última década: de 1.270 en 2013 a 4.952 en 2024. No obstante, las estadísticas no desglosan a los mayores de 70 en franjas etarias más pequeñas.
La única excepción que permite suspender un proceso penal por motivos de edad es la demencia reconocida. Si una persona no puede defenderse debido a graves trastornos cognitivos, el juez puede archivar el caso. En este argumento se apoyó la defensa de Pujol, presentando un informe sobre su deterioro de memoria “irreversible y progresivo” y el diagnóstico de un trastorno neurocognitivo mixto que incluye elementos de la enfermedad de Alzheimer y demencia vascular.
Sin embargo, el tribunal no consideró estos argumentos suficientes. A diferencia de su esposa, Marta Ferrusola, quien fue eximida de responsabilidad debido a la enfermedad de Alzheimer, el propio ex presidente sigue figurando en la lista de acusados. Su hijo, Oriol Pujol, expresó abiertamente su desconcierto ante la decisión judicial, señalando que incluso un interrogatorio remoto por videollamada resulta extraño para la familia.
Paralelismos con otros casos mediáticos
La historia de Pujol evoca a otras figuras conocidas que se sentaron en el banquillo a una edad avanzada. Uno de los ejemplos más destacados es Fèlix Millet, ex director del Palau de la Música Catalana. En 2017, cuando tenía 81 años, fue juzgado por desvío de fondos de la institución. A pesar de su delicado estado de salud, Millet fue declarado culpable y enviado a prisión, donde permaneció más de dos años hasta recibir la libertad humanitaria debido a una enfermedad incurable. Falleció sin haber devuelto gran parte de los millones robados.
En ambos casos —tanto el de Pujol como el de Millet— la edad y las enfermedades no impidieron que la justicia avanzara y dictara sentencia. Los procesos judiciales se prolongaron durante años, acompañados de numerosas solicitudes de la defensa y retrasos, pero finalmente se concretaron en penas efectivas para los acusados.
Drama familiar y postura personal
La decisión judicial fue un shock para la familia Pujol. El primer día de la audiencia, sus siete hijos presenciaron cómo su padre se conectaba a la vista desde casa con la ayuda de su abogado. El propio Pujol reconoció que su salud se resiente, pero afirmó estar dispuesto a colaborar con el tribunal y defender su reputación. Según sus allegados, tiene la intención de comparecer personalmente en el proceso para demostrar su inocencia y refutar las acusaciones de corrupción.
Sin embargo, los familiares consideran que el deseo de Pujol de participar en el juicio no debería ser el único motivo para que el caso continúe. Señalan los informes médicos y recalcan que el tribunal debió tenerlos en cuenta.












